Una enfermedad política (Kurt Vonnegut)


 Una enfermedad política*  (1972)
     
Me preocupa la salud del doctor Hunter Thompson. Supongo que debo preocuparme. Él es el más creativamente loco y vulnerable de los Nuevos Periodistas, al parecer, y en sus despachos hay informes alarmentes sobre su salud. Tampoco es imaginaria su enfermedad. En éste, su último libro, da la opinión de un  médico: "Nunca había visto nadie con un caso tan grave de ansiedad como el que yo tenía. Estaba exactamente al borde de un completo colapso mental, físico y emocional." 
¿Por qué nos cuenta esto? ¿Qué otra cosa podría ser esto salvo un grito pidiendo ayuda? ¿Y qué podemos hacer por ayudarle? No es que no trate de ayudarse a sí mismo. No es como George Orwell, por ejemplo, de quien se dice que era bastante indiferente cuando debía combatir una enfermedad. Thompson, si es de creer, ha experimentado todo el espectro de drogas legales e ilegales en un esfuerzo heroico por sentirse mejor de lo que se siente. Dice en otro libro, Fear and Loathing in Las Vegas, que el baúl de su rojo Chevrolet convertible y alquilado 
parecía un laboratorio móvil de narcóticos de la policía. Teníamos dos bolsas de hierba, setenta y cinco píldoras de mescalina, cinco hojas de ácido de alto poder, un salero a medio llenar de cocaína y toda una galaxia de excitantes, tranquilizantes, productores de risas, de gritos multicolores... y también una botella de tequila, otra de ron, una caja de cerveza, una pinta de éter puro y dos docenas de amílicos. 
Nuevamente: ¿qué podemos hacer para ayudarle? No lo conozco, salvo por sus libros que son brillantes, honorables y valiosos. La evidencia que allí está presente arguye que la realidad lo está matando porque es muy fea y barata. En este nuevo libro imagina que la realidad, y por ende su salud, podría mejorar si hombres más nobles estuvieran en el gobierno de este país y se concentraran de verdad en los problemas de nuestro tiempo. He aquí lo que escribió mientras reunía fuerzas para cubrir la campaña presidencial más reciente:
Ya he pasado por tres eleccciones presidenciales, pero hace doce años que no puedo mirar una papeleta de sufragio y ver un nombre que quisiera votar... Ahora, con otro gran espectáculo espurio cerniéndose sobre nosotros, ya puedo oler el hedor de otro payaso.
Cubrió la campaña para Rolling Stone. Sus pesadillas fueron ilustradas por Ralph Steadman, quien se ha convertido mágicamente en parte tan integral de la obra de Thompson como sir John Tenniel lo fue de A Través del Espejo y de Alicia en el País de las Maravillas. Y cuando la campaña terminó, Thompson estaba más enfermo que nunca; llegó a la conclusión de que McGovern era un demócrata demasiado vulgar, demasiado dispuesto a compromisos, para emocionar al pueblo norteamericano con sueños de grandeza, renacimientos y reformas. El acontecimiento final para Thompson fue la Super Bowl. Es un ex-periodista deportivo, como James Reston, a quien llama el "calvinista alegre"; y sus metáforas más eficaces tienen que ver con competiciones deportivas. A propósito, Duane Thomas, el zaguero negro, mudo y sin empleo, es la idea de Thompson de un ciudadano norteamericano realmente espléndido.
Y cuando hubo finalizado la Super Bowl y la campaña y el libro, Thompson hizo una llamada telefónica, imprudente y burlón, a Frank Mankiewicz, el más vibrante estratega de McGovern. Y entonces:
Colgué y bebí un poco más de gin. Luego puse un disco de Dolly Parton en el gramófono y miré los árboles fuera de mi balcón azotados por el viento. Alrededor de medianoche, cuando se detuvo la lluvia, me puse mi camisa de noche especial para Miami Beach y caminé varias cuadras por el boulevard La Ciénaga hasta el Club de los Perdedores.
Hay muchas novedades en este nuevo Fear and Loathing. Por ejemplo, Thompson sugiere que la persona que creó la declaración venenosa, "Estoy detrás de Tom Eagleton 1.000 por ciento" no fue McGovern. Puede haber sido Eagleton quien lo hizo, al decir a los reporteros lo que supuestamente había dicho McGovern. Y Thompson detesta a Eagleton tanto como adora a Duane Thomas. Llama al senador "un mentiroso oportunista", un "pícaro" y "otro de esos rufianes baratos", entre otras cosas.
Insultos de esa especie, aislados en una crítica, expresan la idea de un periodismo por lo menos tan despreciable como el hombre atacado. Pero en el contexto de un libro tan extenso y apasionado, esos lapsos parecen casi hermosos. Curiosamente, son tan frenéticos, tan grotescos que no pueden hacer mal a Eagleton. Estoy sumamente agradecido al Nuevo Periodismo, pero muchas personas responsables no lo están. Y pienso que ahora es el equivalente literario del cubismo: se rompen todas las reglas; nos muestra imágenes que ningún artista maduro y bien entrenado ha pintado anteriormente, y en las nuevas imágenes dementes, de algún modo vemos nuevos aspectos luminosos de viejas verdades amadas.
Lo puedo poner de modo más sanguinario; llamando la atención a cómo se comporta la gente al ser torturada a veces, cómo pueden alegar a mearse y a decir cosas que quizá no dijeran en circunstancias diferentes: los Nuevos Periodistas son populistas chillando de dolor.
Creen que es fácil y natural que los norteamericanos sean fraternales y justos. Esa ilusión, si es una ilusión, es la medida del bienestar en la mente de los Nuevos Periodistas. Cualquier desviación de ese patrón es percibido como una herida o una enfermedad. Entonces la actual atmósfera de Norteamérica les parece como la famosa tortura descrita por Orwell de atar las manos de la víctima y encerrarle la cabeza en una jaula. Y luego se coloca una rata hambrienta en la jaula.
Me apresuro a testimoniar que la atmósfera norteamericana no es en verdad tan aterradora. Sólo estoy diciendo que tenemos en nuestro medio alguna gente como Hunter Thompson, que es supersensible. Prácticamente todos los demás se sienten bien, muy bien.
En cuanto a aquellos que desean saber más de Thompson y sus ideales, su desgastado sistema nervioso, sus elementos de autodestrucción y todo eso... a él no es posible resumirlo. Es esa rara especie de escritores norteamericanos que deben ser leídos. Produce excitantes y emocionantes collages con basura cuidadosamente seleccionada. Deben ser experimentados. No se los puede parafrasear.
En cuanto a la verdad sobre el estado de su salud: he preguntado al respecto. Me han dicho que parece estar fuerte y lleno de buen color y serenamente sano. Pero haremos lo que él quiere que hagamos, pienso, si consideramos su exterior como una fachada a lo Dorian Gray. En el interior, está siendo devorado vivo por políticos rapaces.
Esta enfermedad es mortal. No hay cura conocida. Lo máximo que podemos hacer por el pobre diablo, me parece, es nombrar la enfermedad en su honor. A partir de este momento, de todos aquellos que sienten que los norteamericanos pueden ser llevados tan fácilmente a la belleza como a la fealdad, a la verdad como a las relaciones públicas, a la alegría como a la amargura, que se diga que están sufriendo de la enfermedad de Hunter Thompson. Esta mañana no la sufro. Va y viene. Esta mañana no sufro la enfermedad Hunter Thompson.


*Crítica de Fear and Loathing: On Campaign Trail '72, del Dr. Hunter S. Thompson


de Guampeteros, fomas y granfalunes (1974) (Kurt Vonnegut)


más sobre Hunter S. Thompson en el post: Gonzo. Vida y Hazañas del Dr. Hunter S. Thompson 


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