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Los Consejos, de Roberto Bolaño & A.G. Porta

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce seguido de Diario de bar, de Roberto Bolaño & A.G. Porta (1984).

 "Hubo una época, pobre de mí, en que creí que la literatura arrastraría gente, como el rock"


Sólo por el cuento "Diario de Bar" que, a modo de bonus track en un disco, viene justo al final, cuando termina la novela, ya merece la pena poseer este libro. Mi edición es de bolsillo, la primera, que data de octubre de 2008, y aunque no es la edición "bonita" (y eso que la tuve en las manos pero en el último momento la dejé para otro día..), la que vemos en la cubierta a Joyce, Bolaño, Porta y Morrison, una señal de Stop y otra de dirección obligatoria con una pizzería al fondo, ya forma parte de mi preciada pero todavía pequeña colección Bolañiana.
Hay una edición de coleccionista, debe ser la primera de 1984, que en el portal de compraventa de artículos Todocolección se vende a tan sólo 1.200 euros, pero sinceramente prefiero la cubierta del mío, no lo digo por el precio, mi ejemplar es más sobrio y además viene seguido de "Diario de Bar".


        



El relato, "Diario de Bar", igual que la novela "Los Consejos", también está escrito a cuatro manos (que digo yo que deberíamos decir a dos manos, a no ser que ambos escritores sean ambidextros no logro comprender por qué se suele decir a cuatro manos cuando una obra la llevan a cabo dos escritores y se supone que cada uno escribe con una sola mano... pero en fin, eso es harina de otro costal), y quizá me ha gustado tanto por que me recuerda a Julio Cortázar. Sí, creo que es eso, que hay algo en él que me lleva de nuevo a "Continuidad de los parques" o "La noche boca arriba", dos de mis relatos favoritos de Cortázar.

Y qué decir de "Los consejos", pues que se trata de una buena novela, de eso no cabe duda, pero un servidor debe admitir que la ha leído con mucho cariño, con gran entusiasmo.
Fue el debut literario de Roberto Bolaño y A.G. Porta, pero en él ya vemos muchos de los rasgos característicos que hemos encontrado en la obra de Bolaño, a Porta no lo había leído antes y eso que tengo en mi mesita de noche "Singapur" a la que no tardaré en darle caza, así que de él poco o nada puedo comentar.

Ha sido inevitable recrear en mi mente escenarios de viejas películas de delincuentes de finales de los años setenta, esa corriente también denominada cine quinqui, mientras iba leyendo esta historia de amor y fuga. La banda sonora por supuesto era de Los Chichos, y el tema principal no podía ser otro que "Mujer cruel".

Pero no voy a centrarme en la trama, ni en la delincuencia, ni en las escenas de sexo que en ella aparecen, ni tan siquiera voy a dar los nombres de los protagonistas ni sus motivos para hacer lo que hacen. Tampoco intentaré contar a qué viene lo de Joyce y Morrison en esta historia. Sólo diré que, como siempre, nada es lo que parece, y que en mi opinión todo es... pues eso, una fuga; una fuga real o falsa, una fuga mental de un escritor encerrado en su habitación (el propio Bolaño o Porta), y lo que en realidad vamos conociendo es cómo construye y avanza en su primera novela.

Bolaño 1, otro post sin la reseña prometida

Si lo prometido es deuda y además está por escrito, no hay excusas que valgan. Manida introducción.
No menuda, que también, sino manida/o: sobado, dicho de un asunto o de un tema: Muy trillado. 
¡Ay amigos!, que uno tiene ya una edad y más responsabilidades y menos tiempo y más ganas. 
Leo mucho, eso sí, demasiadas lecturas en paralelo, unos 14 libros. Me pasa con la lectura casi como con la comida: no sé decir no, ni quiero. Así que cuando se dispara una lectura conjunta interesante -todas lo son- me apunto aun sabiendo que difícilmente podré seguir el ritmo de los demás (casi siempre porque tengo la mesita de noche llena a rebosar de muchos libros que quiero leer antes de morir y de los que leo alguna página antes de dormir). 
No sé por qué cuento todo esto, tal vez sea una excusa por llegar tarde con esta entrada, tal vez por ir a destiempo en todo, tal vez porque simplemente me dejo llevar y no quiero borrar lo escrito, o, lo más probable, porque me doy cuenta, cada vez más, de lo efímero que es todo, de cómo una fotografía te puede hacer recordar aquello que ya te enseñó la vida, una lección ya aprendida pero que el paso del tiempo -entrar de nuevo en el engranaje de esta sociedad que vive con prisas- y la rutina, sobre todo la rutina, te habían obligado a olvidar. Y al final resulta que se trata de una lección tan simple...: aprovechar el momento, el tiempo, disfrutar de los tuyos y pasarte por el orto (argentinismo) los asuntos banales y demás preocupaciones absurdas, besar mucho y abrazar y decir te quiero, decírlo y sentirlo, y no esperar nada, nunca se debe esperar nada. 
He dicho.

Ahora la introducción sigue siendo manida pero tiene más sentido para lo que viene a continuación.  

El pasado sábado 1 de junio visité en el CCCB el archivo Bolaño. Un día inolvidable, no lo voy a negar. A veces me cuesta admitir mi lado mitómano, me jode aceptarlo, pero al final debo rendirme a ciertas evidencias, ahí están Auster, Murakami, Bukowski, Vonnegut, Vila-Matas, Stevie Ray Vaughan, Morrissey/Smiths, Iván Ferreiro, Cerati y El Último de la Fila (sobre todo los tres primeros discos) o David Lynch (Lost Highway en concreto) y claro está, Bolaño. Pero con Bolaño es distinto, no es mitomanía, no quiero que lo sea, yo no leo a Bolaño por el mito, lo leo porque "2666" me dio un bofetón y una buena patada en la entrepierna, pasé dos semanas con dolor de estómago, y aunque para algunos eso sea repugnante o le obligue a rechazar su lectura, a mí me ocurre justo lo contrario, así que luego vinieron (aunque no en este orden): "Amberes", "La Universidad Desconocida", "Estrella Distante", "Amuleto", la MONUMENTAL "Los Detectives Salvajes", "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce seguido de Diario de Bar", "Una Novelita Lumpen", "Entre paréntesis".... ahora estoy con "Los Sinsabores del verdadero Policía" y, por si fuera poco, por su culpa, leí y leo, porque la poesía no se deja de leer jamás, a Nicanor Parra, Enrique Lihn, y Mario Santiago (Ulises Lima).

Comprendo la opinión de más de uno sobre la obra de Bolaño, sobre el éxito obtenido tras su muerte, tal vez yo tendría la misma si no me hubiese atrapado su literatura, pero incluso los mayores detractores deberán admitir después de visitar el archivo Bolaño, que no se trata de una casualidad o un golpe de suerte o simplemente de mitomanía: Roberto Bolaño era (sigue siendo) un escritor en mayúsculas; sus notas, su trabajo previo a la novela definitiva que entregaba a la editorial son un ejemplo claro y lo pude ver con mis propios ojos, todos los que han visitado la exposición lo han podido comprobar. Hemos visto de su puño y letra sus notas en sus libretas, casi me sentí un intruso, un cotilla observando sus cuadernos (años y años escribiendo sin cesar... me hizo sonreír una nota en concreto que pertenece a "Los Detectives Salvajes" donde lo primero que podemos leer es: Arturo Belano: Yo), su biblioteca personal, sus gafas. Pero no fue eso lo que me emocionó, que quizá un poco sí, pero no, lo que de verdad me afectó, lo que hizo que tuviera que contener mis lágrimas (casi me echo a llorar, no miento, y si en ese momento no hubiese estado solo y ese alguien me hubiese dirigido la palabra o preguntado algo, habría flaqueado y estallado en un llanto enigmático para esa persona), fue una fotografía. Una simple fotografía. Un retrato familiar de Bolaño en París donde le podemos ver con su sonrisa habitual mientras sostiene a uno de sus hijos en brazos, en una mochila, a un año de su muerte. 
Tal vez mi reciente paternidad tenga mucho que ver con esa repentina emoción tan profunda, tal vez sea la lección aprendida de la que hablaba antes, quizá sólo soy un maldito mitómano.



(La reseña prometida, la de "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce seguido de Diario de Bar", la verás en "Bolaño 2, la reseña prometida")


A los que quieran conocer a fondo a Roberto Bolaño les recomiendo acercarse a este blog:






Antología de paso, de Enrique Lihn

Gracias a Roberto Bolaño, a su ensayos y novelas, he descubierto a otros escritores, muchos de ellos poetas. Por ejemplo, su gran amigo Mario Santiago Papasquiaro, cuyo verdadero nombre era José Alfredo Zendejas Pineda (México, D. F., 25 de diciembre de 1953 - 10 de enero de 1998), fundador del movimiento infrarrealista junto a Roberto Bolaño y al que muchos conocimos en la novela "Los Detectives Salvajes" como Ulises Lima.
Me he interesado por el chileno Nicanor Parra, que para Bolaño era el mejor poeta vivo en lengua española y, también, por otro compatriota chileno, Enrique Lihn del que elogió su obra.
De éste último estoy leyendo "Antología de Paso", un pequeño poemario de 74 páginas que reúne cronológicamente los distintos formatos en que Lihn ejerció la poesía. Se revisa por completo su obra poética, incluyendo algunos poemas publicados por primera vez en esta edición y que datan de 1952.
Podemos leer en el breve pero magnífico prólogo a cargo de Roberto Merino y Matías Rivas, que en su poesía hay un modelo de fondo que le proporciona a las palabras el aliento vital: la relación entre viaje y memoria estampada en la escritura como señal equívoca de la realidad.
Nos encontramos ante un poeta sarcástico, contradictorio y con un gran sentido del humor. También leemos en el prólogo que estos poemas son una muestra irrefutable de que Lihn fue siempre en la escritura, dueño y señor del conjunto de sus propias incertidumbres, según la definición de estilo que él mismo se adjudicó.
Debo decir que los poemas que he leído hasta el momento me han llevado a episodios de mi infancia y adolescencia, a mis primeras relaciones sexuales, a sensaciones que había olvidado; he leído sentencias que haría mías: "Y habrá pasado todo ese futuro que sólo fue un instante de tiempo reunido durante nuestro encuentro, habrá pasado lo que nunca llegara a suceder, eso que, sin embargo, como un eje a sus ruedas nos reúne, fundiendo nuestros viajes paralelos..."
He leído aquello que quisimos oír cuando éramos inexpertos amantes adolescentes y que nos gusta pensar que así nos recuerdan: "¿Qué esperas para entrar? Han pasado los años pero odio todavía tu bello titubeo. No he podido olvidarte. Estoy desnuda".

De wikipedia: Enrique Lihn Carrasco falleció en Santiago de Chile el 10 de julio de 1988, víctima de cáncer. Hasta el último momento de su vida estuvo escribiendo. Su libro Diario de muerte (1989) fue publicado, por encargo suyo, por sus amigos Pedro Lastra y Adriana Valdés, quienes reunieron, transcribieron y ordenaron los poemas que dejó al morir. El título fue puesto por él mismo en el cuaderno donde los reunió.

Precisamente el poema que más me ha gustado pertenece a "Diario de muerte", uno de los últimos que escribió:

"Hay sólo dos países"

Hay sólo dos países: el de los sanos y el de 
                                                   los enfermos
por un tiempo se puede gozar de doble

                                                 nacionalidad
pero, a la larga, eso no tiene sentido
Duele separarse, poco a poco, de los sanos a

                                                             quienes
seguiremos unidos, hasta la muerte
separadamente unidos
Con los enfermos cabe una creciente

                                                   complicidad
que en nada se parece a la amistad o el amor
(esas mitologías que dan sus últimos frutos 

a unos pasos del hacha)
Empezamos a enviar y recibir mensajes de

                nuestros verdaderos conciudadanos
una palabra de aliento
un folleto sobre el cáncer.





Agua, perro, caballo, cabeza, de Gonçalo M. Tavares

No quería ser menos, yo también quería leer al escritor más aplaudido del momento, ese del que lectores y escritores a los que respeto y admiro tan bien hablan. Así pues, este es mi primer encuentro con Gonçalo M. Tavares. Un libro difícil de clasificar. De hecho en algún lugar he leído que por esta obra recibió en 2006 el Grande Prémio do Conto Camilo Castelo, aunque en la solapa de "Aprender a rezar en la era de la técnica", que será mi próxima lectura del mismo escritor, apuntan que con este libro ganó el premio revelación de poesía de la asociação portuguesa de escritores "Camilo Castelo Branco".
El caso es que tanto si se trata de poesía, cuento o microrrelato yo sigo en estado de shock y sólo puedo decir que me ha fascinado. "Agua, perro, caballo, cabeza" es un libro que a pesar de ser muy corto (24 relatos/poesías repartidas en 79 páginas), y de que aparentemente no te lleva a ninguna parte, te deja una agradable sensación, algo parecido a cuando en la duermevela crees haber dado con la respuesta final, ese momento del sueño en el que has hallado la solución al gran enigma, aunque luego te des cuenta de que sólo era eso, parte de un sueño. En cada relato sucede algo que te golpea la mente de tal manera que pasas del estupor inicial ante todos los  interrogantes que se han abierto, a una extraña sensación de pesadilla; escenas que en buena parte me han recordado a "Amberes" de Roberto Bolaño, ese extraño poemario que muchos coinciden en compararlo con el universo pesadillesco de David Lynch. 
Encontramos también un buen puñado de máximas, muchas de ellas sobre la muerte. De nuevo la muerte como leitmotiv en uno de los libros que leo este año: "Las únicas ilusiones son sobre los muertos. Consideras que ellos son mejores de lo que realmente son."  
"A veces, pensar en eso me calma: puede no ser hoy, pero también vas a morir."
"...son visiones de aquello que ocurrió hace años: los muertos son, en la cabeza de los vivos, más felices de lo que realmente fueron. Porque nadie acierta."

Pero hay también en mitad de pasajes macabros, grotescos, otros que resultan extraordinarios, maravillosos, pura poesía:
"No busques en la hierba muda, busca la hierba muda ...estos dos versos los señalé con mi lápiz localizador de bellezas... " 
Ocurre con muchos poemas, canciones o cuentos, que uno sabe que va a volver a ellos. Con "Agua, perro, caballo, cabeza" no sólo porque se pueda leer de una sentada, también por el inmenso placer que a uno le produce descubrir algo distinto, sentirse asombrado de nuevo. Presiento que Gonçalo M. Tavares va a entrar en mi biblioteca con la fuerza que lo hicieron en su momento todas las novelas de Paul Auster, Kurt Vonnegut o Haruki Murakami entre muchos otros. Así lo espero, así deseo que lo lean en el blog.

Reseña de Jose en Libros, cd's, cine...  

De Bolaño, Los personajes fatales

Fragmento de "Los personajes fatales" del libro "Entre Paréntesis" de Roberto Bolaño. La fotografía es de Sergio Larraín.


Larraín fotografía a gente paseando por Hyde Park. En apariencia es una foto inglesa y es una foto normal: la quebradiza armonía atrapada por la cola. Sin embargo, si la miro con atención, distingo en el lado derecho a un aldeano de Santiago de Chile, un empleado de ministerio o de banca, en cualquier caso un oficinista o un burócrata, un buen hombre que jamás ha salido de Chile, su sombrerito así lo atestigua, sorprendido mientras pasea por Hyde Park con gesto adusto (un gesto adusto de lo más desvalido, por otra parte), como si pensara en cosas abstrusas. En el lado izquierdo de la foto una chica, una canguro, empuja un carrito de bebé que no se ve: sólo aparece en el objetivo el manillar. Esta chica sí que es inglesa: sus ojos miran el carrito que yo no veo y el niño que yo no veo, pero por el gesto de su rostro uno comprende fácilmente que se encuentra en otro lugar; un lugar mucho más cálido, el trópico de las formas geométricas, el trópico de los exilios geométricos. La foto no acaba con estos dos personajes que en realidad sólo la enmarcan y que enmarcándola le dan un giro; en medio de la canguro luciferina y del aldeano de Santiago de Chile, pero más alejados, una pareja tomada del brazo avanza hacia el ojo del fotógrafo y hacia el primer plano, que de esta manera se convierte en una promesa de futuro, como si el destino de esa pareja ideal (y eminentemente británica) fuera el peripatético chileno y el bebé que no vemos y su dudosa vigilante. Pero incluso aquí no se acaba la foto (pues esta foto y tal vez todas las fotos tienen un principio y un final, aunque por regla general nunca sepamos a ciencia cierta cuál es el principio y cuál es el final) o no se acaba la puesta en escena de personajes: al fondo, mínimas, se ven tres siluetas, éstas sí en el centro exacto del objetivo, tres siluetas que se equilibran en el punto en donde el plácido camino de Hyde Park se confunde con el horizonte y que no sé si avanzan hacia la cámara de Larraín o se alejan de ella, probablemente avanzan, tres siluetas que son como tres agujeros negros y como tres arañazos mínimos en la fatal placidez (y lucidez) de esta fotografía.

Bailando descalzo

Aún no he agradecido las más de 50.000 visitas recibidas en este blog desde que empecé y que se han contabilizado esta semana. Sí lo hice en twitter, pero no aquí, donde se debía hacer. Así que muchas gracias por pasearos por LilVia, lil de pequeño, petit, y Via por mi apellido. Éste es el séptimo año que en LilVia escribo como mínimo una entrada. Quizá ésta será una de las entradas más vacuas, o tal vez no. Creo que la entrada más sosa es una en la que sólo hay una imagen. No lo sé. Me da igual. Esto es lo que es, un sueño, mi sueño. Y no hay nadie aquí para pellizcarme, y aunque lo hubiera y me pellizcara, podría ser producto de mi imaginación, de mi sueño, un sueño dentro de otro sueño y así sucesivamente hasta que nadie entienda nada, ni yo mismo.

Desde Doctor Pasavento que no menciono libros por aquí. Y desde entonces los libros han estado muy presentes en mi vida/sueño. Mucho.
¡Ay Doctor! en breve seguiré sus pasos... En Rue Vaneau, por ejemplo. Y ya ansío entrar en La Hune y ver al clochard en persona. Lo filmaré, lo fotografiaré, respiraré esa calma tensa cerca de la embajada de Siria. Luego os cuento.
Al terminar Doctor Pasavento leí El Adversario de Emmanuel Carrère. Mi amigo @Joanfelizz, con dos zetas porque es muy muy feliz, me sorprendió con ese regalo que un servidor había pedido a los reyes. De Carrère ya había leído Una Novela Rusa y la excelente biografía de Philip K. Dick, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos.
A propósito de Philip K. Dick, acabo de leer en Entre Paréntesis de Roberto Bolaño algo que me ha fascinado, nada tiene de extraño por otra parte que me fascine algo escrito por él, corto y pego: Dick, pese a todo, no pierde en ningún momento el sentido del humor y por lo tanto no es un descendiente de Melville sino un descendiente de Twain, aunque Fresán, que sabe más de Dick que yo, oponga algún reparo. Para Dick todo arte es política. No olvidar eso. Dick es posiblemente uno de los autores más plagiados del siglo XX.
Todo arte es política... Qué curioso, el fin de semana pasado mantuvimos una interesante conversación con unos amigos sobre el arte, y por ahí iban los tiros. El artista, al final, se convierte en empresario y deja de crear arte, se decía. No voy a disertar aquí y ahora sobre el tema, pero no me negarán que algo de razón lleva.
El Adversario de Carrère me impactó. No sólo la frialdad del protagonista, que en 1993 mató a su mujer, sus hijos y sus padres, sino el hecho de que alguien pueda vivir tantos años fingiendo ser quien no es; engañando a amigos, vecinos, a su propia familia y además llevar un buen nivel de vida sin trabajar.

Después de Carrère he leído otro libro que me han regalado, el último de Paul Auster, Diario de invierno. Un libro seductor, aunque esperaba mucho más (casi todo lo que cuenta ya se sabía), lo leí en un par de días.

Enorme es (en todos los sentidos) Stone Junction de Jim Dodge del que sólo cito una frase y más adelante, quizá, me atreva a hacer una reseña: Los jefes del mundo no pueden hacerte nada que tú no puedas impedir que te hagan. Todos nos merecemos a nosotros mismos.

El siguiente ha sido también un regalo, de una amiga invisible, @Rosalia_RT. Lo más curioso es que los dos, yo sin saberlo, citamos la misma frase:
Debería tener en cuenta que las cosas que oímos por encima cuando el que habla no lo sabe adquieren un tinte de seriedad y siempre suenan peor de lo que en realidad son.
Se trata de una novela de Muriel Spark, una escritora de la que yo no sabía absolutamente nada. El asiento del conductor, una novela breve, intensa y con giro inesperado.

Y ahora estoy con varios, para no perder la costumbre. Después de leer en menos de tres días las memorias de Patti Smith, Éramos unos niños, de la que aún me estoy recuperando, me he lanzado con la poesía de Rimbaud: Por la mañana tenía la mirada tan perdida y el continente tan muerto, que los que he encontrado quizás no me han visto.
De Patti Smith y sus memorias ya hablaré también más adelante, en una entrada dedicada sólo a ella, pero sí puedo decir que es un libro con el que he aprendido, he llorado y he sonreído, es una gran lección de instantes de amistad. Si con Stone Junction entran ganas de salir a pasear desnudo bajo la lluvia de primavera, con Éramos niños apetece escuchar las canciones de Patti Smith y bailar descalzo.
Ahora estoy en la recta final de Entre paréntesis de Bolaño, y, empiezo Babel, también de Patti Smith, del que quiero compartir un pequeño fragmento que para mí es puro arte, puro sueño:

creo que fue sábado, el día del descanso, cuando se inventaron las dificultades. el creador cayó dormido y soñó. fue el primer durmiente y el primer sueño. el sueño de dios. la caja de pandora primordial. del inconsciente del espíritu brotaron monstruos y artistas. los maestros y el arcángel.

Vivimos muy largo tiempo en nuestra imaginación, porque el desplazado es la alternativa ligera y corazonal. el desplazado es alguien sincero y preocupado y lleno de sangre brillante. pero para mi padre, el irrevocable extraño, no hay lugar donde ir. no aceptado por el mundo real y traicionado por el divino, se ha hundido en un estado de atrofia. un trofeo es un premio estacionario. es el junkie deviniendo junk el soñador haciéndose sueño. es la propia obra maestra. un trofeo. atrofia.

Los Detectives Salvajes ¿Qué hay detrás de la ventana?

Ya acabé de leer Los Detectives Salvajes, aunque decir acabar no es apropiado para este libro. No creo que se pueda terminar, en todo caso sí se puede volver a empezar, leer tantas veces como quieras y seguir aprendiendo. Son tantas las referencias que aparecen en él, que el título del mismo adquiere todo su sentido cuando te acabas convirtiendo tú (lector) en parte fundamental de la trama; te proclamas uno más de los detectives (siempre y cuando te hayas querido involucrar y hayas entendido las intenciones de Bolaño). Yo creo haberle entendido, y de no ser así aún sigo ahí, disfrutando de la investigación dentro de la investigación de los que investigan y a los que investigan. Mi lectura personal, aunque sea sin el libro entre mis manos, sigue, y es así mientras leo poemas de Mario Santiago (Ulises Lima), y cuando leo cuentos, poemas y ensayos de Roberto Bolaño;  incluso cuando he vuelto a leer la parte de Soldados de Salamina de Javier Cercas en la que aparece un escritor chileno que reside en Blanes y que se llama Roberto Bolaño, y también sigue mientras encuentro a poetas "visceralistas" (infrarrealistas) en la red:

Mario Santiago Papasquiaro (1953), el mítico Ulises Lima de Los detectives salvajes,  fundó en 1975 el movimiento Infrarrealista junto al escritor chileno Roberto Bolaño. Durante décadas la obra de Mario Santiago habitó el olvido, en el 2008 el Fondo de Cultura Económica publicó en España Jeta de Santo, una antología que reúne poemas que escribió entre 1974 y 1997.  


He investigado (ya soy un detective más) y he hallado a personajes reales de la novela y algunos de sus poemas, de sus textos, de parte de sus biografías, y todo eso hace aún más interesante a esta obra maestra. Todavía queda mucho por descubrir y mucho por leer. Esa es la grandeza de Los Detectives Salvajes. Podría colgar algunos enlaces que sólo pueden interesar a los que ya han leído la novela y que les llevaría a conocer quién es quién en ella, pero he pensado que de la misma manera que los he encontrado yo, también los podrá encontrar cualquiera que esté realmente interesado en ello.

& este número 13 
Bien lo dice: 
La Poesía mexicana se divide en 2 
La puesía mexicana & el infrarrealismo 
/ Río Tula a remover /

  (Mario Santiago Papasquiaro)
 

VODKA

Fue una mañana de grandes masturbaciones.
Desperté sin haber visto el fósforo del mar
elevado por las olas

Sobre el sillón confortable,
muchachas de boca temblorina
recitaban poemas de Jalil Gibran.
Cerca de las ventanas
los jóvenes en erección partieron a otras galaxias.
Demasiadas curvas habían en sus ojos.
Mi sexo: una libélula pegada  a la roca.

Buenas noches–
Les ofrecí el mineral de mis uñas blandas.
Buenas noches–
Y se fueron a toda velocidad en sus camionetas.

(Vera Larrosa)* 



. 15 de febrero
 


               ¿Qué hay detrás de la ventana?


                                                                                                  (609)

                                                                                                                                        

*"Angélica Font" ganadora del  premio de poesía Laura Damián en Los Detectives Salvajes.

Más stencil para mi colección / Mallo y Bolaño

Un día cualquiera entro en fnac. Un día como cualquier otro en el que doy un paseo escucho cuatro canciones y hojeo algunos libros. Un día como ya ha ocurrido varias veces y sin saberlo previamente, me encuentro con alguna actuación o cualquier evento. Ése día del que hablo en cuestión, veo sentado y hablando a través de un micrófono y rodeado de una treintena de personas, algunos sentados y otros de pie, a Agustín Fernández Mallo presentando, o mejor dicho, hablando de su último libro; Nocilla Experience. Entre otras cosas interesantes me quedo fascinado de cómo habla del plástico. Me da la sensación de que lo que dice del plástico lo dice con cierta ironía o medio en broma, pero poco a poco me doy cuenta de que no, que su forma de hablar tiene un tono irónico pero que habla absolutamente en serio.
Me quedo allí plantado hasta el final preguntándome por qué no compré en su día -cuando su primer libro me llamó desde la estantería- Nocilla Dream. 
Ahora vienen las casualidades, el azar o cómo uno quiera llamarlo y que tanto me gustan. Eva me pregunta si puedo echarle una mano con su ordenador unos días después y entre otros libros veo que tiene el Nocilla Dream. Le cuento que tengo muchas ganas de leerlo y me lo deja. Durante los días que lo leo descubro el blog de Agustín Fernández Mallo. Una de las fotos que ha colgado en su blog es de un viaje reciente por USA y no puedo evitar dejar un comentario sobre el día de fnac y sobre la foto donde aparece el árbol que menciona en el libro:

Por LilVia . El 07/7/2008 a las 16:40

Estoy leyendo ahora Nocilla Dream. Veo estas fotos y es tal y como lo he imaginado leyendo el libro. Decidí leer Nocilla Dream después de que por pura casualidad dando una vuelta por Fnac en Barcelona topé con la presentación del Nocilla experience y me quedé maravillado escuchando a Agustín Fernández Mallo hablando sobre objetos de plástico.

Al día siguiente entre otros comentarios se puede leer el siguiente:

Por Palangre . El 08/7/2008 a las 09:39

Sí, escuchar a Agustín en Fnac diciendo "Cuando entro a un sitio y hay plástico me pongo contento. Si hay cerámica o madera me pongo mal, por algún motivo me deprimen." es bastante impactante. Yo ya había comprado el libro, pero estuve a punto de comprarlo otra vez.

Sigo visitando el blog de Agustín asiduamente, de hecho hay un vínculo en este blog al suyo en la parte: Con vistas al mar; blogs webs recomendad@s.
Quien me conoce sabe de mi afición desde hace unos cuatro años a coleccionar fotos de stencil (grafitis hechos con plantilla). La única condición es que la foto la he de tomar yo. Así pues en el lado derecho de este blog hay un aparato de tv en el que salen algunas de mis fotografías y allá donde voy los busco y los meto en la caja no tan tonta.
El día 7 de agosto en el blog de Mallo me encuentro con la foto de un stencil y nada menos que una plantilla de Roberto Bolaño. Sigo leyendo y comenta que la foto fue tomada cerca del mercat de Sant Antoni de Barcelona. Así que hoy he ido de caza y ahí estaba, además de otros, el de Bolaño. He pedido educadamente a la gente que estaba en las mesas si no les molestaba que hiciera la foto. Me han mirado con cara rara; todos eran turistas extranjeros. I am a Stencil collector les he dicho con mi inglés macarrónico, pero ni tan sólo una sonrisa. Yo sí. Yo he ido a currar contentísimo.



Escuchando;  Portishead-The Rip

Batalla de PD's amb Joan Arenyes

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VINILTECA 107