Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Solipsismo. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Solipsismo. Mostrar tots els missatges

Fragmento de El Día Del Watusi, de Francisco Casavella


—¿Quieres que te diga lo que cuenta la canción?
—Sí.
Ballesta encendió un cigarro, esperó a que la canción finalizase y volviera a empezar. Enfático, anunció:
—«Con el tiempo». Canta: Léo Ferré.

Exhaló el humo. El tal Ferré repitió una vez más lo que yo hasta entonces había tomado como lamento funerario. Lo que luego resultó ser: tampoco hacía falta aprender tanto idioma. Sobre la voz francesa, Ballesta recitaba:
—«Con el tiempo todo se va. Se olvida el rostro y se olvida la voz. Cuando el corazón ya no late, no vale la pena ir a buscar más lejos. Hay que dejar las cosas como son y están muy bien. Con el tiempo, con el tiempo todo se va. El otro, al que se adoraba, al que se buscaba bajo la lluvia… El otro, al que se adivinaba a la vuelta de una mirada, entre palabras, entre líneas y entre los polvos de una promesa maquillada, que se va hacia la noche… Con el tiempo todo se aleja. Con el tiempo. Con el tiempo se va, todo se va, aún los más bellos recuerdos tienen pinta de cosa de trapería en los estantes de la muerte el sábado por la noche, cuando la ternura se va completamente sola. Con el tiempo. Con el tiempo se va, todo se va. El otro, a quien se le daban viento y joyas, por quien se hubiera vendido el alma por unos céntimos. Ante el que uno se arrastraba como se arrastran los perros. Con el tiempo se va. Todo va bien. Con el tiempo todo se va. Se olvidan las pasiones y se olvidan las voces que decían bajito con palabras de la gente pobre: “No vuelvas tarde. Sobre todo, no cojas frío”. Con el tiempo todo se va, y uno se siente encanecido como un caballo agotado. Y uno se siente catalogado en el azar. Y uno se siente muy solo quizá, pero tranquilo. Y uno se siente ridículo por los días perdidos. Entonces, de verdad, con el tiempo, ya no se ama».
Se hizo el silencio. El silencio continuaba entre un tráfago de vehículos que se antojaba distante. El silencio seguía cuando la canción volvió a empezar.
—Apaga —me dijo Ballesta.

Obedecí. Miré por el espejo retrovisor. Ballesta parecía a punto de llorar. «¡Este hombre está muy mal!», deduje. En aquel tiempo no sabía, porque estaba aprendiendo, lo voluble, el taimado equilibrio de los caracteres sentimentales: a tanta crueldad, tanto lloro; a tanta impotencia, tanto regocijo. En aquel tiempo, porque aprendía a ser un hombre más, no era sino un crío hecho de solipsismo y sueños de saldo, con tara, como la ropa que nunca más me pondría. Por eso odiaba a Ballesta cuando se cachondeaba de mí; por eso le admiraba cuando me abría un cauce de conocimiento con su divergente erudición; por eso le temía casi siempre y me asombraba verle tan expuesto a no sé qué nostalgia o pena camino de la Bolsa.




Me gusta recordar las cosas a mi manera, no necesariamente como sucedieron



Ed: Do you own a video camera?

Renee Madison: No. Fred hates them.

Fred Madison: I like to remember things my own way.

Ed: What do you mean by that?

Fred Madison: How I remembered them. Not necessarily the way they happened.




El título de esta entrada puede llevar a pensar que de nuevo voy a hablar de "Carretera Perdida", pero no, sólo he querido usar la famosa frase de Fred Madison en respuesta a los detectives Al y Ed cuando le preguntan si tiene una cámara de vídeo, una respuesta que me parece perfecta para este post: “me gusta recordar las cosas a mi manera, no necesariamente como sucedieron”.
Y es que hoy me he despertado con Borges y luego, más tarde, en el tren leyendo a Vila-Matas, ha vuelto a aparecer. En los dos casos están presentes los recuerdos, nuestra memoria, cómo recordamos. Así que corto y pego ambas apariciones a continuación, aunque, eso sí, no necesariamente como sucedieron. 

El pasado es siempre un conjunto de recuerdos, de recuerdos muy precarios, porque nunca son verdaderos. Acerca de esto le oí decir algo muy bello y conmovedor a Borges. Se lo oí decir en una conferencia secreta que él dio en Zékian, una librería clandestina que se hallaba en la segunda planta de una casa de la rue Littré.
 [...]
Fui a Zékian sin futuro y salí sin pasado.
Escuché a Borges decir que recordaba que una tarde su padre le había dicho algo muy triste sobre la memoria, le había dicho: «Pensé que podría recordar mi niñez cuando por primera vez llegué a Buenos Aires, pero ahora sé que no puedo, porque creo que si recuerdo algo, por ejemplo, si hoy recuerdo algo de esta mañana, obtengo una imagen de lo que vi esta mañana. Pero si esta noche recuerdo algo de esta mañana, lo que entonces recuerdo no es la primera imagen, sino la primera imagen de la memoria. Así que cada vez que recuerdo algo, no lo estoy recordando realmente, sino que estoy recordando la última vez que lo recordé, estoy recordando un último recuerdo. Así que en realidad no tengo en absoluto recuerdos ni imágenes sobre mi niñez, sobre mi juventud.» 
Después de evocar estas palabras de su padre, Borges se calló durante unos segundos que me parecieron eternos, y luego añadió: «Intento no pensar en cosas pasadas porque si lo hago, sé que lo estoy haciendo sobre recuerdos, no sobre las primeras imágenes. Y eso me pone triste. Me entristece pensar que no tengamos recuerdos verdaderos de nuestra juventud.»

Enrique Vila-Matas “París no se acaba nunca”

Nosotros estamos hechos, en buena parte, de nuestra memoria, Esa memoria está hecha, en buena parte, de olvido. (J.L. Borges)


Tomas Jonsson Bestseller, de Gudbergur Bergsson 1ª Parte

Voy más o menos por la mitad de un extraño libro titulado Tomas Jonsson Bestseller, 170 páginas de 352.
Su autor es Gudbergur Bergsson y, publicada en 1966, está calificada como "la primera novela realmente contemporánea de la literatura islandesa".
Propuse esta lectura en el grupo de Facebook Café Literario, porque aparecía citada en "Amarillo" de Félix Romeo. La verdad es que nos apuntamos entusiasmados unos cuantos, creo que siete, pero por el camino se han bajado casi todos. Obviamente me siento culpable por incitar a los demás a zambullirse en esta loca aventura, pero es algo a lo que ya me voy acostumbrando (a sentirme culpable quiero decir, raras veces tienen éxito las novelas que recomiendo y que a mí sí me han gustado, así que aún era más difícil conseguir que gustara una de la que sólo había leído una buena crítica, la reseña de un suicida, Chusé Izuel, el amigo de Félix Romeo).
Me siento en deuda con muchas personas. No sólo con los que se han comprado Tomas Jonsson Bestseller, también con otras que después de leer mis entusiastas reseñas, han leído esos libros y me han dicho que no son lecturas de su agrado. Así que a partir de ahora espero que nadie se tome al pie de la letra mis reseñas, mis sensaciones, mis gustos. Porque no, porque son míos y no quiero sentirme culpable. Al final lo único que pretendo es que no se desmorone mi mundo, ya saben, mi solipsismo.

SOLIPSISMO es la definición que mejor le viene a esta obra. No hay que buscarle más explicaciones. No busquen las tres patas al gato. No busquen siquiera al gato. Pizca se llama el gato. Pero no le busquen, sólo forma parte del mundo solipsista de Tomas.
No creo que muchos se acerquen a esta novela, pero si lo hacen, déjense llevar, es pura locura, poesía en carne viva, si es que se me permite esta tópica definición.
Es más, no pienso seguir con esta reseña hasta que termine de leer la novela, sólo añadir que no es una obra fácil, como no lo son "Mantra" de Rodrigo Fresán, "Amberes" de Roberto Bolaño o "Agua, perro, caballo, cabeza" de Gonçalo M. Tavares, que sin embargo me fascinan y a mi parecer no son muy distintas en fondo y forma entre ellas. También siento ciertos ecos de Borges y Julio Cortázar entre estas páginas, incluso de Robert Walser.
Para finalizar esta primera parte de la reseña de "Tomas Jonsson Bestseller", transcribo aquí algunos fragmentos porque, tal vez, la novela les pueda parecer rara, pero cada página viene repleta de aforismos, citas, sentencias, como lo quieran llamar, que merecen ser subrayados, destacados, compartidos (muy o no a su pesar):

·En realidad la poesía es una superstición entretejida en las ropas de la gente, que "ni quiere conocer ni conoce la vida misma". LA VIDA NO ESTÁ EN UN LIBRO.
Si los poetas escribieran sobre los hombres en su trabajo y sus horas libres, la poesía resultaría innecesaria. Si los poetas, por otra parte, consiguieran componer narraciones que no existen en la realidad pero que deberían tener su lugar, y ésa es la única poesía verdadera, ilusión creada por la imaginación, entonces no las entendería nadie sino el poeta mismo (si es que él las entiende). Por eso se comprende que no debería haber nada más que biografía. Las obras literarias son innecesarias para toda persona viva. A lo largo de la vida uno conoce a la gente mucho más de cerca en sus problemas y en su verdadero ambiente que en las novelas. El único consejo que hay que aprovechar plenamente la poesía de la vida es tener los ojos y los oídos abiertos como yo.

·Ella no se inmuta aunque me pegue a su vientre. No dice oh, sólo mira igual que un monte helado ante un golpe de mar. 
·Y respiramos con fuerza uno en la cara del otro sin que una sola palabra salga de nuestros labios. Olor a besos en sus labios.
·Vi la punta roja y húmeda de su lengua moviéndose entre los labios y encorvarse como una serpiente en su guarida, los labios chasquearon, los dientes se unieron en la cueva de los besos. Los labios se secaron enseguida y se volvieron escamosos. No hay que mirar, sino olvidar, pero yo no puedo olvidar. 

·En un abrir y cerrar de ojos ha llegado el sábado. No hago más que mover una pierna y ya es fin de semana. En este cajón están reunidos todos los sábados de la vida con su solitaria humillación, su pasividad y su sueño. 

·Cómo me gustaría que todos los domingos fueran domingo. Ojalá lloviera todos los domingos, menos al ir y volver del restorán. Podría enterrarme en la cama y dormir a oscuras todo el domingo sin despertar el lunes con ansiedad.


El hombre que gritó la Tierra es plana, de Roberto de Paz

Está siendo un gran año de lecturas. No por la cantidad, que es considerable, sino por la calidad que es lo verdaderamente importante. Mi satisfacción como lector está en uno de los momentos más álgidos que recuerdo. Y es que ya llevo unas cuantas que podrían desbancar mi ranking, mi lista de hits, una lista mental que he confeccionado con las novelas que me han ayudado a sobrellevar esta sana adicción. Una adicción que a su vez me ha salvado en momentos cruciales de mi vida o que me empuja a vivir vidas paralelas, a olvidarme por un tiempo de la "realidad" que nos rodea.

El hombre que gritó la Tierra es plana, la primera novela de Roberto de Paz, no ha impedido que ignore las malas noticias actuales (quien la haya leído comprenderá por qué lo digo), pero sí me ha hecho revivir el efecto que causó en mí la primera vez que leí a Paul Auster, uno de mis autores favoritos, es decir, evadirme y entrar en historias que se ramifican y a su vez éstas llevan a otras -unas pura fantasía e imaginación, las otras reales-. Algunos pasajes me han evocado la magnifica y monumental novela de Michael Chabon, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, y me ha parecido encontrar un par de guiños a Vonnegut, y uno a un conocido escritor que también me gusta mucho, en concreto un guiño a su novela más famosa, que no voy a desvelar porque podría arruinar uno de los geniales e inesperados giros de la trama.



Pero además de una gran novela de ficción, en El hombre que gritó la Tierra es plana, subyace una profunda y estudiada reflexión. Una narración hilvanada con la maestría de un escritor curtido, sin fisuras, sin flecos.
Es otra de las novelas en las que la muerte y el suicidio están presentes, y ya llevo unas cuantas este año. En fin, una más en la lista de las que han conseguido que aprenda algo nuevo (lo que ocurrió en Camboya o la anécdota sobre la primera guerra mundial, por ejemplo). En algunos momentos me he visto obligado a meditar con el libro todavía en el regazo, y si a todo eso le sumo solipsismo, distopía, casualidades, recomendaciones literarias, personajes entrañables... estamos, sin duda, ante mi libro de cabecera, una novela sensacional, de las mejores que he leído en mucho tiempo.

Algunas de sus frases:

 "Para Camus, el suicidio es el único problema filosófico verdaderamente serio."

"...a veces merece la pena darle una oportunidad a lo improbable."

"...y de ahí, de forma incomprensible, saltamos a Tom Sawyer, El ruido y la furia y Las sirenas de Titán. Vonnegut le volvía loco. Cuando hablaba de literatura abría los ojos y se le iluminaba el rostro...Habría iluminado la ciudad de haberse podido conectar a la red."

"¿Salvarías al mundo ahora que lo has perdido todo?"

Bailando descalzo

Aún no he agradecido las más de 50.000 visitas recibidas en este blog desde que empecé y que se han contabilizado esta semana. Sí lo hice en twitter, pero no aquí, donde se debía hacer. Así que muchas gracias por pasearos por LilVia, lil de pequeño, petit, y Via por mi apellido. Éste es el séptimo año que en LilVia escribo como mínimo una entrada. Quizá ésta será una de las entradas más vacuas, o tal vez no. Creo que la entrada más sosa es una en la que sólo hay una imagen. No lo sé. Me da igual. Esto es lo que es, un sueño, mi sueño. Y no hay nadie aquí para pellizcarme, y aunque lo hubiera y me pellizcara, podría ser producto de mi imaginación, de mi sueño, un sueño dentro de otro sueño y así sucesivamente hasta que nadie entienda nada, ni yo mismo.

Desde Doctor Pasavento que no menciono libros por aquí. Y desde entonces los libros han estado muy presentes en mi vida/sueño. Mucho.
¡Ay Doctor! en breve seguiré sus pasos... En Rue Vaneau, por ejemplo. Y ya ansío entrar en La Hune y ver al clochard en persona. Lo filmaré, lo fotografiaré, respiraré esa calma tensa cerca de la embajada de Siria. Luego os cuento.
Al terminar Doctor Pasavento leí El Adversario de Emmanuel Carrère. Mi amigo @Joanfelizz, con dos zetas porque es muy muy feliz, me sorprendió con ese regalo que un servidor había pedido a los reyes. De Carrère ya había leído Una Novela Rusa y la excelente biografía de Philip K. Dick, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos.
A propósito de Philip K. Dick, acabo de leer en Entre Paréntesis de Roberto Bolaño algo que me ha fascinado, nada tiene de extraño por otra parte que me fascine algo escrito por él, corto y pego: Dick, pese a todo, no pierde en ningún momento el sentido del humor y por lo tanto no es un descendiente de Melville sino un descendiente de Twain, aunque Fresán, que sabe más de Dick que yo, oponga algún reparo. Para Dick todo arte es política. No olvidar eso. Dick es posiblemente uno de los autores más plagiados del siglo XX.
Todo arte es política... Qué curioso, el fin de semana pasado mantuvimos una interesante conversación con unos amigos sobre el arte, y por ahí iban los tiros. El artista, al final, se convierte en empresario y deja de crear arte, se decía. No voy a disertar aquí y ahora sobre el tema, pero no me negarán que algo de razón lleva.
El Adversario de Carrère me impactó. No sólo la frialdad del protagonista, que en 1993 mató a su mujer, sus hijos y sus padres, sino el hecho de que alguien pueda vivir tantos años fingiendo ser quien no es; engañando a amigos, vecinos, a su propia familia y además llevar un buen nivel de vida sin trabajar.

Después de Carrère he leído otro libro que me han regalado, el último de Paul Auster, Diario de invierno. Un libro seductor, aunque esperaba mucho más (casi todo lo que cuenta ya se sabía), lo leí en un par de días.

Enorme es (en todos los sentidos) Stone Junction de Jim Dodge del que sólo cito una frase y más adelante, quizá, me atreva a hacer una reseña: Los jefes del mundo no pueden hacerte nada que tú no puedas impedir que te hagan. Todos nos merecemos a nosotros mismos.

El siguiente ha sido también un regalo, de una amiga invisible, @Rosalia_RT. Lo más curioso es que los dos, yo sin saberlo, citamos la misma frase:
Debería tener en cuenta que las cosas que oímos por encima cuando el que habla no lo sabe adquieren un tinte de seriedad y siempre suenan peor de lo que en realidad son.
Se trata de una novela de Muriel Spark, una escritora de la que yo no sabía absolutamente nada. El asiento del conductor, una novela breve, intensa y con giro inesperado.

Y ahora estoy con varios, para no perder la costumbre. Después de leer en menos de tres días las memorias de Patti Smith, Éramos unos niños, de la que aún me estoy recuperando, me he lanzado con la poesía de Rimbaud: Por la mañana tenía la mirada tan perdida y el continente tan muerto, que los que he encontrado quizás no me han visto.
De Patti Smith y sus memorias ya hablaré también más adelante, en una entrada dedicada sólo a ella, pero sí puedo decir que es un libro con el que he aprendido, he llorado y he sonreído, es una gran lección de instantes de amistad. Si con Stone Junction entran ganas de salir a pasear desnudo bajo la lluvia de primavera, con Éramos niños apetece escuchar las canciones de Patti Smith y bailar descalzo.
Ahora estoy en la recta final de Entre paréntesis de Bolaño, y, empiezo Babel, también de Patti Smith, del que quiero compartir un pequeño fragmento que para mí es puro arte, puro sueño:

creo que fue sábado, el día del descanso, cuando se inventaron las dificultades. el creador cayó dormido y soñó. fue el primer durmiente y el primer sueño. el sueño de dios. la caja de pandora primordial. del inconsciente del espíritu brotaron monstruos y artistas. los maestros y el arcángel.

Vivimos muy largo tiempo en nuestra imaginación, porque el desplazado es la alternativa ligera y corazonal. el desplazado es alguien sincero y preocupado y lleno de sangre brillante. pero para mi padre, el irrevocable extraño, no hay lugar donde ir. no aceptado por el mundo real y traicionado por el divino, se ha hundido en un estado de atrofia. un trofeo es un premio estacionario. es el junkie deviniendo junk el soñador haciéndose sueño. es la propia obra maestra. un trofeo. atrofia.

Doctor Pasavento de Enrique Vila-Matas


Paseábamos por la llamada alameda del fin del mundo, cuando me preguntaron:
-¿De dónde viene tu pasión por desaparecer?
Era una de mis voces la que preguntaba, una voz interior sobrevalorada, como bien dijo en una ocasión -en un tweet, para ser más exacto- mi amigo visible Gancedo. Una de tantas voces que viaja y decide por su cuenta, siguiendo o persiguiendo, eso sí, a otras voces, pensamientos y decisiones ajenas.
-¿De eso trata Doctor Pasavento? ¿de seguir voces?
De nuevo mi voz interior es la que pregunta. Habrá opiniones distantes sobre esta novela-ensayo-biografía, le digo.
En la lectura conjunta que hemos hecho a través de twitter con el hastag #lecturapasavento, hay comentarios al respecto, como el que hace @Gancedo "me dio mil ideas de lectura. Ahora empiezo Fuga sin fin de Joseph Roth" o el de @Joanfelizz "la verdad que #lecturapasavento es una librería abierta".
No puedo estar más de acuerdo con ellos, y es que al leer Doctor Pasavento uno quiere leer Fuga Sin Fin de Joseph Roth, Los Hermosos Años del Castigo de Fleur Jaeggy y, muy especialmente, toda la obra de Robert Walser. @Lilvia “Ya leí Jakob Von Gunten, ahora quiero leer los 3 Microgramas. Un libro lleva a otros y con #lecturapasavento aún más".
También coincido con @Offuscatio cuando dice "Cada página, un nuevo marcador". Yo nunca había marcado tantas páginas de un libro, mi ejemplar de Doctor Pasavento parece un acordeón, quizá debí marcar con un rotulador fluorescente, en lugar de doblar las hojas, los numerosos aforismos, los lugares que se cita y que quiero visitar y los autores y novelas que Vila-Matas menciona en la novela.
-¿Sabes qué te ocurre? Que no sabes cómo definir Doctor Pasavento, de la misma manera que no sabes qué responder cuando te preguntan por qué te gusta tanto Enrique Vila-Matas.
Ésta es otra de mis voces o personalidades, una que sólo viene cuando tiene ánimo de ponerme en evidencia.
Sí, quizás no sé explicar por qué me gusta Vila-Matas, ni tampoco sabría decirles qué se van a encontrar en esta magnifica novela, pero sí sé que mientras la he leído - la leo, porque es de esos libros de consulta que uno visita y revisita una y otra vez- lo que de verdad siento es la necesidad de seguir los pasos del Doctor Pasavento. Me gustaría seguirle y empezaría por el Paseo San Juan en Barcelona, después me sentaría en un banco de la catedral de Sevilla y después, desde la ventana del Hotel Suède, observaría la rue Vaneau y escribiría sobre cómo paso el día en París, percibiría el sonido a punto de estallar contenido en esa calle y compraría aspirinas a la dependienta de la farmacia Dupeyroux (deseo encontrarme con la segunda dependienta, la más ácida) y buscaría libros en la librería La Hune en el 170 del Boulevard Saint-Germain, y, si hubiese suerte, intercambiaría algunas palabras con el clochard ilustrado. Iría a Suiza, otra vez siguiendo los pasos de Pasavento que a su vez seguiría los pasos de Walser, y llegaría hasta el lugar exacto -con nieve o sin ella- donde hallaron muerto al autor de Jakob Von Gunten. Luego, allí en Herisau, visitaría el centro psiquiátrico -si me lo permitiesen- y al final, mostraría al escritor más conocido de un lugar solitario, mis microgramas escritos con un lápiz en papelillos y en letra muy menuda, o lo que vienen a ser mis posts, que la mayoría de veces escribo para mí pero con el deseo de que alguien capte mis segundas intenciones y donde casi siempre fracaso. Pero en fin, como digo, me gustaría ir tras los pasos de Pasavento, Walser y Pynchon, y oír las voces de Humbol e Ingravallo, y en una callejuela húmeda, oscura y estrecha, sin sonidos ni palabras, dejar que aparte se quedasen ya.

Doctor Pasavento quiere desaparecer y al mismo tiempo quiere ser hallado, quiere dejar de escribir pero lo hace escribiendo; quiere que no lo encuentren pero se siente molesto cuando se percata que no le echan de menos una vez ha desaparecido; le duele saber que no tiene a nadie; su lucha constante con infinitas desapariciones y apariciones, poniendo a prueba a sus conocidos, consultando su correo electrónico, para darse cuenta que nadie se percata de su desaparición, que nadie le busca.... En definitiva, lo que más le duele es que se le hace absolutamente imposible desaparecer y que los demás sientan por él lo mismo que él siente por Walser-Pynchon-Salinger. 
Doctor Pasavento es una Lectura que lleva a otras lecturas, aunque también es una suerte de biografía de Robert Walser. 

- Jakob Von Gunten, El Ayudante, El Paseo, Vida de Poeta, Los Hermanos Tanner, El Bandido, Escrito a Lápiz. Microgramas I, II, III. - Robert Walser
- Paseos Con Robert Walser - Carl Seelig
- Fuga Sin Fin - Joseph Roth
- Los Hermosos Años del Castigo - Fleur Jaeggy
- Mis Amigos - Emmanuel Bove
- Obra poética y narrativa de Miquel Bauçà
- Un Lento Aprendizaje, Mason y Dixon - Thomas Pynchon

“Ya en el hotel, frente al fuego, hemos vuelto a Descartes, al solipsismo, a la idea del yo y el otro... Nuestro sentido del yo está formado por el inacabable monólogo, las conversaciones que mantenemos con nosotros mismos y que duran toda la vida.” "La soledad es el afrodisíaco del espíritu, como la conversación lo es de la inteligencia."  

En #lecturapasavento y en Café Literario Hay más aforismos y opiniones. Ha sido un placer comentar la lectura con todos ellos, gracias.

¿Soy solipsista?

Me apetece mucho escribir aunque en este momento aún no sé sobre qué. Qué oscura, o debería decir extraña, necesidad me empuja a ello es una cuestión a la que no tengo todavía respuesta. Tengo claro, eso sí, que a pesar de no tener ideas sobre qué escribir, ni para un cuento ni para un artículo, necesito hacerlo. Y aquí estoy tecleando, aprovechando los pocos minutos que puedan quedar de luz natural en un día gris de marzo, con música jazz de fondo y observando como empiezan a caer algunas gotas en la terraza a través de la ventana: ahora mismo acaba de pasar un helicóptero.

Necesito escribir más que fumar. Llevo ya casi nueve meses sin encender un cigarro y sigo con la firme determinación de no fumar, ni siquiera una calada, nunca más. Puede sonar radical, me da igual, si algo tengo claro es que es la decisión más clara que he tomado nunca en toda mi vida. Siempre habrá quien diga que hay otras decisiones que han sido o han podido ser determinantes, pero lo más probable es que entonces no tuviera otra alternativa o que decidiera algo sin tener una motivación tan extraordinaria como la que se da ahora.

Hoy ha pasado algo curioso. Una de esas cosas que siempre me gusta contar, una de esas casualidades o premoniciones o como se quiera nombrar que me ocurren a menudo y a las que cada vez más las incluyo dentro de lo que solemos llamar normalidad. Aunque quiero pensar que mi normalidad no es la misma que la tuya y he aquí donde aparece una palabra que aprendí hace muy poco: solipsismo. Me parece sensacional cuando uno encuentra una palabra que define una sensación a la que jamás le puso nombre pero que conoce muy bien. Corto y pego de wikipedia:

Solipsismo, del latín "[ego] solus ipse" (traducible de forma aproximada como "solamente yo existo") es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo.


Suena el teléfono. Me levanto y voy a mirar en la pantallita para saber quién llama, aunque antes de hacerlo ya lo sé. Paso. Lo siento, pero ahora no. No ofendo a nadie, lo sé. Además nunca entra en mi blog así que no se va enterar de que no he querido contestar.

Como iba diciendo, hoy me ha pasado algo curioso. Ya llevo unos días en los que se me aparece Salinger por un millón de sitios. Algo normal, falleció hace poco más de un mes y sigue siendo noticia. Aunque también se me aparece Hunter S. Thompson y ya hace cinco años que decidió irse (seguirá siendo noticia). En fin, estaba hoy leyendo la revista Fotogramas y me ha dado por pensar en J.D. Salinger y en una película de la que habla el protagonista de su famosa novela El Guardián Entre el Centeno, Holden Cauldfield. Algo extraño ya que no para de repetir una y otra vez que odia el cine. La película que cita es The 39 Steps de Alfred Hitchcock. Ya la tengo preparada, sólo he de darle al play; es lo que siempre digo: una cosa lleva a la otra.
Pues mientras hojeaba el Fotogramas intentaba recordar cuál era el título de otra película (aunque la tengo) que protagoniza Jennifer Aniston y el nombre del actor que encarna a un tipo obsesionado con El Guardián Entre el Centeno. Justo en ese momento al dar la vuelta a la página me encuentro con un pequeño homenaje a Salinger titulado El Guardián sí fue al cine, en el que se cuenta que al escritor le gustaba mucho el cine pero que jamás permitió que se adaptase El Guardián Entre el Centeno después de ver la película My Foolish Heart basada en una de sus historias que en 1949 dirigió Mark Robson. Lo más curioso es que en esta misma página nombran algunas películas en las que el libro de Salinger o él mismo, por una razón u otra, son parte importante del film. Así que no he tenido que ir a investigar en mi "deuveteca" particular para averiguar que el título de la película que intentaba recordar es "The Good Girl" (2002) y que el enombre del actor es Jake Gyllenhaal que en el film, curiosamente, interpreta a un tal Holden. 

Por si te interesa o, mejor dicho, a quien pueda incumbir: mientras escribía he sido acompañado en mi mundo por Eric Vloeimans y su disco Boompetit, también ha estado, de hecho aún está, aquí Courtney Pine y el disco Up Behind The Beat - The Collection.

Batalla de PD's amb Joan Arenyes

Fes-te fan de Crema d'estrelles

VINILTECA 107