Distopía de la mano de Tao Lin, Stanislaw Lem, Charles Bukowski y Paul Auster

Cuando terminé de leer Richard Yates de Tao Lin, además de las sensaciones que ya plasmé en la reseña de la novela, pensé que si esa misma historia se hubiese escrito veinte años atrás podría haber pertenecido al género de las novelas de ficción distópica al estilo 1984 de George Orwell, La Pianola de Kurt Vonnegut, Mundo Feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury o las decenas y decenas escritas por Philip K. Dick.
Corto y pego de wikipedia:

Una distopía, llamada también antiutopía, es una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. El término fue acuñado como antónimo de «utopía» y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia, frecuentemente emplazada en el futuro cercano, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de sus miembros bajo una fachada de benevolencia.
Vuelvo a defender Richard Yates; reivindicar su simplicidad que creo necesaria para dar credibilidad a sus personajes. La novela de Tao Lin no puede pertenecer a las novelas de distopía por esa misma razón, porque narra una cruda y actual realidad. Lejos quedan ya esas obras de ciencia ficción que retrataban un futuro entre máquinas y donde los humanos se relacionaban a través de ellas -lejos o cerca, depende de cómo se mire- porque ya estamos en ese momento, en un momento en el que nos conocemos en twitter y nos vemos en facebook, los regalos los compramos en Internet y los recibimos en casa.
Estos dos fragmentos pertenecen a la novela de Stanislaw Lem Congreso de Futurología y que se publicó en 1971, hace 40 años:

"Eso me trajo a la memoria los libros en los que se describían las negras imágenes del futuro como una antiutopía en la que cada ciudadano se queda metido en su casa."
"Siempre tiene algo que contar esa cariñosa muchacha, contrariamente a esas chicas de los snacks que realizan todas sus conversaciones a través de su computadora portátil."


También Bukowski en un poema titulado ESTA BANDERA NO ONDEA CON CARIÑO habla sobre ello. Bukowski murió en 1994, así que escribió esto mucho antes del boom de Internet:

hoy todo son ordenadores y más ordenadores
y pronto todo el mundo tendrá uno,
los niños de tres años tendrán ordenadores
y todo el mundo conocerá todo
lo relacionado con los demás
mucho antes de que lleguen a conocerse
y por eso nadie querrá conocerse.
nadie querrá conocer a nadie
nunca jamás
y todos serán
unos solitarios
como lo soy yo hoy.

Por último un fragmento de la novela El Palacio De La Luna (1989) de Paul Auster en el que su protagonista Marco Stanley Fogg explica por qué no tiene teléfono (!teléfono!) a Zimmer:
-Una voz transmitida eléctricamente no es una voz real -le dije-. Todos nos hemos acostumbrado a estos simulacros de nosotros mismos, pero cuando te paras a pensarlo, el teléfono es un instrumento de distorsión y fantasía. Es una comunicación entre fantasmas, las secreciones verbales de mentes sin cuerpo. Yo quiero ver a la persona con la que estoy hablando. Si no puedo verla, prefiero no hablar con ella.

2 comentarios :

  1. Por suerte lo digital y lo real no son mundos excluyentes. Los más contentos con la revolución de los ligues por Internet, de la nueva manera de hacer amigos vía web, son las empresas de transporte que venden cada vez más billetes de tren, de bus, de avión, son los dueños de los cafés y restaurantes donde quedan a conocerse en persona y charlar los que se conocieron gracias a Internet. Para mí el verdadero peligro está dentro de cada uno, y eso se plasma tanto en un mundo como en otro. La auténtica distopía es aquella que nos vuelve egoístas, individualistas, que atrofia nuestra capacidad más preciada: la de ser empáticos. No tengo muy claro que la tecnología propicie la distopía en este sentido. Un saludo!! (seguimos teniendo los mismos, mismos referentes literarios)

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  2. Roberto, estoy totalmente de acuerdo contigo. De hecho sólo quería trancribir estos fragmentos que leí justo después de la novela de Tao Lin para complementar la reseña de Richard Yates y hacer patente que cierta distopía que se anunciaba en libros de ciencia ficción ya está aquí.
    Las redes sociales han conseguido, sin ir más lejos, que yo lea la novela de Tao Lin. Así que, tal y como tú dices, no es que la tecnología propicie la distopía sino cómo se usa. Un abrazo y muchas gracias ;)

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