viviendo en la calle

Hoy en Rac1 y en el programa El Món, se ha hablado sobre la indigente que murió en 2005 a manos de unos salvajes incontrolados en un cajero de Barcelona. Unos chicos que aunque pasen en prisión unos años -todavía no hay veredicto- van a vivir mejor a partir de ahora que muchos indigentes que podemos ver por las calles de nuestras ciudades. En este programa que puedes oír en este enlace, un amigo y ex marido de Rosario Endrinal, cuenta que era una mujer que antes de pasar las noches en el cajero y los días pululando por las calles, fue una persona que vivía cómodamente y que las circunstancias (relaciones truncadas, depresiones, poco entendimiento con la familia, el alcohol) la llevaron a ese modo de vida. No hacía daño a nadie, pero por oler mal unos energúmenos consideraron que debía ser juzgada y sentenciada a su manera; ahora éstos piden justicia y dicen que no son unos asesinos.
En muchas ocasiones vemos a gente pidiendo por la calle y les miramos con indiferencia, como si se tratase de una parte más del mobiliario urbano. Nos hemos acostumbrado a ver gente pidiendo o durmiendo en cualquier rincón arropados con cartones, mantas. Personas que ya son juzgadas por mal vivir, como si para ellos no fuese suficiente pena, sin que nadie se pare a pensar que han tenido un pasado parecido a nuestro presente y que algún día nos puede suceder a cualquiera de nosotros. Mis preguntas son las siguientes:
¿Por qué deben vivir mejor los delincuentes encarcelados que los indigentes? ¿Se merecen mejor trato por robar, asesinar o violar? Hace poco se ha inaugurado una cárcel en Lledoners, ubicada en Sant Joan de Vilatorrada (Bages) de la que vimos por televisión y en la prensa todas sus instalaciones: espacio de asistencia médica, comedor, sala de estar, gimnasio, pista polideportiva y piscina, aulas educativas y talleres de formación ocupacional... ¡vamos! que cuando vi las imágenes pensé que mi pisito por el que pago una pasta, un dinero que gano honradamente, no es nada comparado con las prisiones de la que pueden disfrutar los que primero nos roban y a los que después con nuestros impuestos también les pagamos unas comodidades de las que la población en general no podemos disfrutar.
Nuestros políticos deben empezar a pensar en nosotros en lugar de equipar sus coches de lujo porque ya estamos cansados de pagar y a cambio recibir palos.

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