Gracias Delibes

El 20 de diciembre de 2008 escribí un post en el que hablaba sobre las impresiones o recuerdos que guardo de la primera vez que entré en una tienda de discos a comprar mi primer disco de vinilo. Los discos y los libros son mi pasión, así que no resulta extraño que en la misma entrada comentara cuál fue el primer libro (novela) que entró a formar parte de mi vida:

A pesar de que mi otra pasión es la literatura, no sabría decir cuál fue el primer libro que compré. Seguramente el primero del que tengo algún recuerdo me lo compraron mis padres y debía ser "Las Ratas" de Delibes en quinto de EGB.

Sigo sin recordar cuál fue el primer libro que yo compré con mi propio dinero, pero sí la primera novela que leí: Las Ratas. Lo más probable es que antes o, en la misma época, leí libros del estilo de El Zoo D'en Pitus o Els Caçadors de Vallorta que, obviamente por estar dirigidos a un público infantil o juvenil, me gustaron más. Aun y así la novela de Miguel Delibes siempre ha sido y será el referente, mi primera vez, el pistoletazo de salida a un maratón de lecturas ininterrumpido. Gracias Miguel Delibes y gracias, también, a los profesores que me lo recomendaron.

¿Soy solipsista?

Me apetece mucho escribir aunque en este momento aún no sé sobre qué. Qué oscura, o debería decir extraña, necesidad me empuja a ello es una cuestión a la que no tengo todavía respuesta. Tengo claro, eso sí, que a pesar de no tener ideas sobre qué escribir, ni para un cuento ni para un artículo, necesito hacerlo. Y aquí estoy tecleando, aprovechando los pocos minutos que puedan quedar de luz natural en un día gris de marzo, con música jazz de fondo y observando como empiezan a caer algunas gotas en la terraza a través de la ventana: ahora mismo acaba de pasar un helicóptero.

Necesito escribir más que fumar. Llevo ya casi nueve meses sin encender un cigarro y sigo con la firme determinación de no fumar, ni siquiera una calada, nunca más. Puede sonar radical, me da igual, si algo tengo claro es que es la decisión más clara que he tomado nunca en toda mi vida. Siempre habrá quien diga que hay otras decisiones que han sido o han podido ser determinantes, pero lo más probable es que entonces no tuviera otra alternativa o que decidiera algo sin tener una motivación tan extraordinaria como la que se da ahora.

Hoy ha pasado algo curioso. Una de esas cosas que siempre me gusta contar, una de esas casualidades o premoniciones o como se quiera nombrar que me ocurren a menudo y a las que cada vez más las incluyo dentro de lo que solemos llamar normalidad. Aunque quiero pensar que mi normalidad no es la misma que la tuya y he aquí donde aparece una palabra que aprendí hace muy poco: solipsismo. Me parece sensacional cuando uno encuentra una palabra que define una sensación a la que jamás le puso nombre pero que conoce muy bien. Corto y pego de wikipedia:

Solipsismo, del latín "[ego] solus ipse" (traducible de forma aproximada como "solamente yo existo") es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo.


Suena el teléfono. Me levanto y voy a mirar en la pantallita para saber quién llama, aunque antes de hacerlo ya lo sé. Paso. Lo siento, pero ahora no. No ofendo a nadie, lo sé. Además nunca entra en mi blog así que no se va enterar de que no he querido contestar.

Como iba diciendo, hoy me ha pasado algo curioso. Ya llevo unos días en los que se me aparece Salinger por un millón de sitios. Algo normal, falleció hace poco más de un mes y sigue siendo noticia. Aunque también se me aparece Hunter S. Thompson y ya hace cinco años que decidió irse (seguirá siendo noticia). En fin, estaba hoy leyendo la revista Fotogramas y me ha dado por pensar en J.D. Salinger y en una película de la que habla el protagonista de su famosa novela El Guardián Entre el Centeno, Holden Cauldfield. Algo extraño ya que no para de repetir una y otra vez que odia el cine. La película que cita es The 39 Steps de Alfred Hitchcock. Ya la tengo preparada, sólo he de darle al play; es lo que siempre digo: una cosa lleva a la otra.
Pues mientras hojeaba el Fotogramas intentaba recordar cuál era el título de otra película (aunque la tengo) que protagoniza Jennifer Aniston y el nombre del actor que encarna a un tipo obsesionado con El Guardián Entre el Centeno. Justo en ese momento al dar la vuelta a la página me encuentro con un pequeño homenaje a Salinger titulado El Guardián sí fue al cine, en el que se cuenta que al escritor le gustaba mucho el cine pero que jamás permitió que se adaptase El Guardián Entre el Centeno después de ver la película My Foolish Heart basada en una de sus historias que en 1949 dirigió Mark Robson. Lo más curioso es que en esta misma página nombran algunas películas en las que el libro de Salinger o él mismo, por una razón u otra, son parte importante del film. Así que no he tenido que ir a investigar en mi "deuveteca" particular para averiguar que el título de la película que intentaba recordar es "The Good Girl" (2002) y que el enombre del actor es Jake Gyllenhaal que en el film, curiosamente, interpreta a un tal Holden. 

Por si te interesa o, mejor dicho, a quien pueda incumbir: mientras escribía he sido acompañado en mi mundo por Eric Vloeimans y su disco Boompetit, también ha estado, de hecho aún está, aquí Courtney Pine y el disco Up Behind The Beat - The Collection.

Una enfermedad política (Kurt Vonnegut)


 Una enfermedad política*  (1972)
     
Me preocupa la salud del doctor Hunter Thompson. Supongo que debo preocuparme. Él es el más creativamente loco y vulnerable de los Nuevos Periodistas, al parecer, y en sus despachos hay informes alarmentes sobre su salud. Tampoco es imaginaria su enfermedad. En éste, su último libro, da la opinión de un  médico: "Nunca había visto nadie con un caso tan grave de ansiedad como el que yo tenía. Estaba exactamente al borde de un completo colapso mental, físico y emocional." 
¿Por qué nos cuenta esto? ¿Qué otra cosa podría ser esto salvo un grito pidiendo ayuda? ¿Y qué podemos hacer por ayudarle? No es que no trate de ayudarse a sí mismo. No es como George Orwell, por ejemplo, de quien se dice que era bastante indiferente cuando debía combatir una enfermedad. Thompson, si es de creer, ha experimentado todo el espectro de drogas legales e ilegales en un esfuerzo heroico por sentirse mejor de lo que se siente. Dice en otro libro, Fear and Loathing in Las Vegas, que el baúl de su rojo Chevrolet convertible y alquilado 
parecía un laboratorio móvil de narcóticos de la policía. Teníamos dos bolsas de hierba, setenta y cinco píldoras de mescalina, cinco hojas de ácido de alto poder, un salero a medio llenar de cocaína y toda una galaxia de excitantes, tranquilizantes, productores de risas, de gritos multicolores... y también una botella de tequila, otra de ron, una caja de cerveza, una pinta de éter puro y dos docenas de amílicos. 
Nuevamente: ¿qué podemos hacer para ayudarle? No lo conozco, salvo por sus libros que son brillantes, honorables y valiosos. La evidencia que allí está presente arguye que la realidad lo está matando porque es muy fea y barata. En este nuevo libro imagina que la realidad, y por ende su salud, podría mejorar si hombres más nobles estuvieran en el gobierno de este país y se concentraran de verdad en los problemas de nuestro tiempo. He aquí lo que escribió mientras reunía fuerzas para cubrir la campaña presidencial más reciente:
Ya he pasado por tres eleccciones presidenciales, pero hace doce años que no puedo mirar una papeleta de sufragio y ver un nombre que quisiera votar... Ahora, con otro gran espectáculo espurio cerniéndose sobre nosotros, ya puedo oler el hedor de otro payaso.
Cubrió la campaña para Rolling Stone. Sus pesadillas fueron ilustradas por Ralph Steadman, quien se ha convertido mágicamente en parte tan integral de la obra de Thompson como sir John Tenniel lo fue de A Través del Espejo y de Alicia en el País de las Maravillas. Y cuando la campaña terminó, Thompson estaba más enfermo que nunca; llegó a la conclusión de que McGovern era un demócrata demasiado vulgar, demasiado dispuesto a compromisos, para emocionar al pueblo norteamericano con sueños de grandeza, renacimientos y reformas. El acontecimiento final para Thompson fue la Super Bowl. Es un ex-periodista deportivo, como James Reston, a quien llama el "calvinista alegre"; y sus metáforas más eficaces tienen que ver con competiciones deportivas. A propósito, Duane Thomas, el zaguero negro, mudo y sin empleo, es la idea de Thompson de un ciudadano norteamericano realmente espléndido.
Y cuando hubo finalizado la Super Bowl y la campaña y el libro, Thompson hizo una llamada telefónica, imprudente y burlón, a Frank Mankiewicz, el más vibrante estratega de McGovern. Y entonces:
Colgué y bebí un poco más de gin. Luego puse un disco de Dolly Parton en el gramófono y miré los árboles fuera de mi balcón azotados por el viento. Alrededor de medianoche, cuando se detuvo la lluvia, me puse mi camisa de noche especial para Miami Beach y caminé varias cuadras por el boulevard La Ciénaga hasta el Club de los Perdedores.
Hay muchas novedades en este nuevo Fear and Loathing. Por ejemplo, Thompson sugiere que la persona que creó la declaración venenosa, "Estoy detrás de Tom Eagleton 1.000 por ciento" no fue McGovern. Puede haber sido Eagleton quien lo hizo, al decir a los reporteros lo que supuestamente había dicho McGovern. Y Thompson detesta a Eagleton tanto como adora a Duane Thomas. Llama al senador "un mentiroso oportunista", un "pícaro" y "otro de esos rufianes baratos", entre otras cosas.
Insultos de esa especie, aislados en una crítica, expresan la idea de un periodismo por lo menos tan despreciable como el hombre atacado. Pero en el contexto de un libro tan extenso y apasionado, esos lapsos parecen casi hermosos. Curiosamente, son tan frenéticos, tan grotescos que no pueden hacer mal a Eagleton. Estoy sumamente agradecido al Nuevo Periodismo, pero muchas personas responsables no lo están. Y pienso que ahora es el equivalente literario del cubismo: se rompen todas las reglas; nos muestra imágenes que ningún artista maduro y bien entrenado ha pintado anteriormente, y en las nuevas imágenes dementes, de algún modo vemos nuevos aspectos luminosos de viejas verdades amadas.
Lo puedo poner de modo más sanguinario; llamando la atención a cómo se comporta la gente al ser torturada a veces, cómo pueden alegar a mearse y a decir cosas que quizá no dijeran en circunstancias diferentes: los Nuevos Periodistas son populistas chillando de dolor.
Creen que es fácil y natural que los norteamericanos sean fraternales y justos. Esa ilusión, si es una ilusión, es la medida del bienestar en la mente de los Nuevos Periodistas. Cualquier desviación de ese patrón es percibido como una herida o una enfermedad. Entonces la actual atmósfera de Norteamérica les parece como la famosa tortura descrita por Orwell de atar las manos de la víctima y encerrarle la cabeza en una jaula. Y luego se coloca una rata hambrienta en la jaula.
Me apresuro a testimoniar que la atmósfera norteamericana no es en verdad tan aterradora. Sólo estoy diciendo que tenemos en nuestro medio alguna gente como Hunter Thompson, que es supersensible. Prácticamente todos los demás se sienten bien, muy bien.
En cuanto a aquellos que desean saber más de Thompson y sus ideales, su desgastado sistema nervioso, sus elementos de autodestrucción y todo eso... a él no es posible resumirlo. Es esa rara especie de escritores norteamericanos que deben ser leídos. Produce excitantes y emocionantes collages con basura cuidadosamente seleccionada. Deben ser experimentados. No se los puede parafrasear.
En cuanto a la verdad sobre el estado de su salud: he preguntado al respecto. Me han dicho que parece estar fuerte y lleno de buen color y serenamente sano. Pero haremos lo que él quiere que hagamos, pienso, si consideramos su exterior como una fachada a lo Dorian Gray. En el interior, está siendo devorado vivo por políticos rapaces.
Esta enfermedad es mortal. No hay cura conocida. Lo máximo que podemos hacer por el pobre diablo, me parece, es nombrar la enfermedad en su honor. A partir de este momento, de todos aquellos que sienten que los norteamericanos pueden ser llevados tan fácilmente a la belleza como a la fealdad, a la verdad como a las relaciones públicas, a la alegría como a la amargura, que se diga que están sufriendo de la enfermedad de Hunter Thompson. Esta mañana no la sufro. Va y viene. Esta mañana no sufro la enfermedad Hunter Thompson.


*Crítica de Fear and Loathing: On Campaign Trail '72, del Dr. Hunter S. Thompson


de Guampeteros, fomas y granfalunes (1974) (Kurt Vonnegut)


más sobre Hunter S. Thompson en el post: Gonzo. Vida y Hazañas del Dr. Hunter S. Thompson 


Como si fueran caramelos el día de reyes

Estos días hay algunos nombres propios que aparecen de forma recurrente en algunas de mis conversaciones, en libros que leo, en artículos de revistas e Internet, en blogs o en frases que mis amigos del facebook sueltan como si fueran caramelos el día de reyes. Esos nombres son tales como Salinger (el más obvio de todos, claro), Hunter S. Thompson (aún tengo a medias la película que protagoniza el gran Bill Murray "Where the Buffalo Roam" basada en pequeñas locuras escritas por Thompson y, en parte, autobiográficas. Y es que me quedé dormido por culpa del tratamiento, no elegí un buen día), Saul Bellow (del que aún no he leído nada, necesito más tiempo, más vida…), Fellini… Ay Fellini… Aparece en el mejor auto regalo que me he hecho en mucho tiempo: Dietario Voluble de Enrique Vila-Matas. Un libro del que tuve la certeza ya el primer día que lo tenía entre mis manos mientras cotilleaba en una librería que estaba escrito para . Ahora que ya lo tengo y lo estoy leyendo, lo creo sinceramente. Hacía mucho tiempo que no sentía algo así por un libro y mucho menos por uno de las características de Dietario Voluble:
Dietario voluble no es exactamente una recopilación de mis textos publicados en los tres últimos años. He manipulado el material procedente de los mismos y añadido textos inéditos, y montado un libro que ha de leerse como un diario en el que me decanto más que nunca por una fórmula que borra las fronteras entre la ficción, el ensayo y la biografía. Un libro en el que los géneros se suceden como estados de ánimo.
Pues eso, tal cual. Un diario en el que aparecen escritores, artistas, sensaciones, pensamientos que me resultan muy cercanos, y los que no lo son me despiertan una gran curiosidad. Los que visitan este blog y conocen el libro sabrán de qué hablo.
Para las lecturas que me acompañan estos días de Vila-Matas, Vonnegut y Salinger me dejo acompañar también de: Ella Fitzgerald, Antony And The Johnsons, Freddie Hubbard, Anna Domino, Eels, Isaac Hayes, Johnny Jones and the King Casuals, Gil Scott-Heron… y The Police ahora, mientras escribo este post… Para terminar dejo una frase de Dietario Voluble: La risa es el fracaso de la represión…

Reto: Johnny Jones and The King Casuals

Quiero conseguir más material de Johnny Jones and The King Casuals*. Tengo sólo un single en vinilo: Purple Haze / Horsing around. Por cierto, son sólo dos canciones pero levantarían el ánimo a más de uno y en estos días en los que hay tanto pesimismo y crispación en todas partes (altamente contraindicado para salir del túnel) se agradecería ver alguna que otra sonrisa.
Ya lo decía la Companyia Elèctrica Dharma; contra el fusell, un somriure.

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VINILTECA 107