Billie Holiday, Lady sings the blues

Mamá y papá eran un par de críos cuando se casaron. Él tenía dieciocho años, ella dieciséis y yo tres.
Así de contundente, sincera y directa es la primera frase que encontramos en las memorias de Billie Holiday que escribió en 1956 con la ayuda de su amigo y pianista William Dufty.
Su nombre real era Eleanora Fagan y se lo cambió por dos razones, le parecía demasiado largo y estaba loca por la actriz Billie Dove.
Su vida fue llevada al cine en 1972 basándose en estas memorias. La encargada de dar vida a Lady Day fue Diana Ross que obtuvo por ese papel una nominación al Oscar como mejor actriz. El título original de la película es el mismo que el del libro Lady Sings The Blues, pero en España se tituló El ocaso de una estrella.
La lectura de sus memorias te golpea en lo más hondo y te imprime algo que jamás lo borrará nada. Algo que será inevitable sentir de nuevo cuando escuches sus canciones.
Para empezar un intento de violación a los diez años (ella habla de intento pero se intuye o se lee entre líneas que sí hubo tal violación). En los años que le tocó vivir, ser mujer y además negra sólo atraía un sinfín de problemas. Por un tiempo estuvo a cargo de su prima Ida que la maltrataba a todas horas con cualquier excusa. Más tarde fueron las autoridades y su abuso de poder los que, hasta el día de su muerte, la quisieron doblegar.
Pero estamos delante de una mujer fuerte, valiente y muy inteligente. Sólo tenía diez años y ya trabajaba limpiando en distintas casas. Fue en una de ellas, en un burdel, donde escuchó por primera vez discos de jazz:
Supongo que no soy la única que oyó buen jazz por primera vez en un burdel. Pero nunca intenté sacarle partido. Si hubiese oído a Louis Armstrong y a Bessie Smith en una reunión de niñas exploradoras, me habría gustado lo mismo. Pero muchos blancos oyeron por primera vez jazz en casas como la de Alice Dean y contribuyeron a etiquetarlo como "música de burdel".
Billie Holiday tuvo una vida corta pero muy intensa. A pesar de todos sus problemas de drogadicción, la etapa de prostituta, las estancias en la cárcel y demás, escribió estas memorias tres años antes de morir con una estoicidad envidiable. Uno quiere escuchar su voz mientras lee sus idas y venidas. Y también quiere escuchar a Benny Goodman, Louis Armstrong, Count Basie y sobre todo a Lester Young entre muchos otros músicos que van apareciendo a lo largo de estas 224 páginas.
Hay anécdotas geniales de conciertos, encuentros con grandes figuras de la época: actores, directores, músicos... Acontecimientos curiosos con Orson Welles, Sarah Vaughan, Peggy Lee... El encuentro con Clark Gable merece un relato que bien podría escribir/reinventar Enrique Vila-Matas. También cuenta cómo eran las grabaciones, que muchos músicos no sabían leer partituras y de cómo improvisaban y, que aun y así, de todo ello surgían sesiones memorables. Habla de las discográficas y de cómo ya entonces, desde los años treinta, éstas se enriquecían a costa de los músicos. Desde 1933 hasta 1944 grabó más de doscientos cortes, pero no vio ni un dólar de royalties. Fue a partir de entonces -cuando grabó con otras discográficas- que empezó a ganar dinero en concepto de derechos de autor.
La relación con su madre da para otro libro de más de doscientas páginas. Desde que la trajo al mundo, con sólo trece años, Sadie Fagan fue vital para Billie. Sí, tuvieron alguna pelea, una de ellas por culpa del dinero fue de la que surgió la letra God Bless The Child. Pero también fue ella quien le quito de encima el hombre que la estaba intentando violar. No dudaba en cocinar para todos los músicos que pasaban por su casa su famoso pollo frito y a cualquier hora. Compartieron un tiempo vivienda ellas dos y Lester Young. Y cuando murió, con tan sólo 38 años, Billie se sintió responsable porque desde que su madre supo de su adicción a las drogas ya nunca fue la misma.
Pero este es, sobre todo, un libro de canciones. Cada capítulo lleva por título el de una canción. Podemos conocer cómo surgieron canciones como Lover man, Some other spring o Strange fruit (la canción que la llevó a la fama mundial y una de las más importantes que se han escrito nunca contra el racismo y de la que ella decía: “Esta canción consigue que la gente que está en orden se separe de los cretinos y los idiotas”).
Me han dicho que nadie canta la palabra "hambre" como yo. Ni la palabra "amor". Tal vez yo recuerde lo que quieren decir esas palabras. Ni todos los Cadillac y visones del mundo -y he tenido unos cuantos- pueden lograr que las olvide.

Boss nos aporta un enlace a una reseña de otra biografía que puede ser el complemento perfecto a las memorias escritas por Billie Holiday: Con Billie Holiday

6 comentarios :

  1. Has aconseguit que se'm posi la pell de gallina.
    Un pròleg exquisit.
    Petonet.

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  2. Doncs Xivi, l'has de llegir i escoltar a Billie Holiday de fons o en Lester Young. Petonet.

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  3. Al loro con lo que se cuenta en este libro porque hay otras fuentes que complementan "Lady sings.." pero que en algunas cosas lo contradice: http://www.librocity.com/9788496879027/CON+BILLIE+HOLIDAY
    Ambos impresionantes, como la protagonista.

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  4. Boss, gracias por dejar el comentario. Ahora añado el enlace que aportas en el post. Ya pensé mientras lo leía, y lo comenté con algunas personas, que seguramente Billie Holiday había escrito muy por encima sobre algunos episodios de drogas, prostitución, delitos... Y también quise buscar más información, ahora con tu recomendación creo que ya no hace falta. Un abrazo.

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  5. Supongo que debe ser como leer "long Hard Road Out of Hell y escuchar las canciones de warner después", una nueva sensación mmm de re descubrir algo... me llama mucho la atencion el jazz...

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  6. Hola _vam, gracias por tu aporte. Desconocía que Brian Warner hubiese escrito unas memorias.. Tuve la suerte de asistir a un concierto de los Marilyn en 1996 en la sala Bikini de Barcelona. Lo tuve tan cerca que casi recibo gotas de sudor y otras cosas que me dan arcadas. Pero en esa época estaba muy pillado con su música y su puesta en escena. Además era un tío muy inteligente y aún rezumaba Trent Reznor por cada uno de sus poros.
    Esa sensación que dices de redescubrir o descubrir algo nuevo, es genial y nos mantiene vivos. Saludos.

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