Cada madre hacía el bocadillo con su toque personal

Los chistes en bici mientras pedaleas por un camino empinado de montaña son tan peligrosos como cuando te los cuentan mientras flotas en mitad de una piscina o del mar. Inevitablemente pierdes fuerza y corres el riesgo de quedarte clavado en el primero de los casos, con lo cual resulta imposible avanzar y debes seguir a pie hasta llegar a un tramo más llano. En el segundo caso corres el riesgo de ahogarte de la risa y eso es mucho peor. Si te ahogas te mueres.

Así que mejor no quedar para ir a nadar con alguien con quien siempre te estás riendo. Es el caso de Huete: nunca hemos ido a nadar juntos. Con él, haga lo que haga, aunque básicamente lo que hacemos juntos es ir a comer, escuchar música o subir a La Mola, sé que nos vamos a pasar el rato riendo. No he conocido a tipo más positivo que él. Cualquier actividad que hace la ejerce con unas ganas y una alegría encomiables. Así que aunque tú te sientas incapaz de realizar ciertos trayectos en bicicleta o a pie, bien sea porque son complicados de llevar a cabo o bien porque nunca se te hubiese pasado por la cabeza realizarlos, si vas con él, no sólo los haces, sino que además te lo pasas bien y, ya de paso, superas un reto y acrecientas tu autoestima.


Huete me ha demostrado que es un buen amigo. Ha estado a mi lado cuando más necesitaba que alguien me sacara de casa y me diera conversación sin que nadie se lo hubiera pedido y sin el propósito de cumplir con esa tarea. Es decir, lo hacía porque en realidad para él nada había cambiado. Yo seguía siendo el Jordi de siempre con pelo o sin pelo, con fuerza o sin ella, sano, enfermo, triste, alegre... el Jordi de siempre... Menos ir a pinchar discos por los baretos, hicimos prácticamente las mismas cosas: probar diferentes restaurantes, recomendarnos canciones el uno al otro y reírnos. Sobre todo reírnos.

Aunque también tenemos momentos de charlas trascendentales. Algunas veces hemos llegado, no sé muy bien cómo, a tratar temas de ciencia; sobre el espacio, el tiempo y las dimensiones. Yo conozco dos dimensiones, me ha dicho hoy, ésta y la que vivo mientras sueño. A partir de ahí los dos nos hemos ido por las ramas y nunca mejor dicho: estábamos comiendo nuestros bocadillos en mitad del bosque sentados al lado de un roble. El primer bocado me ha traído el recuerdo de cuando en el patio del colegio, de pequeño, íbamos todos los críos pidiendo un "cao" a los demás niños porque ése último "cao" siempre era mejor y diferente que el anterior que habíamos dado. Se lo he dicho y en su respuesta no había ironía: es verdad, todos los niños hacíamos lo mismo. Todos los bocadillos tenían gustos distintos, no había dos bocadillos de jamón iguales, cada madre hacía el bocadillo con su toque personal.

2 comentarios :

  1. Bravo por Huete!!! ah!!! a mi me encataba ir a casa de mi tia!!ella hacía los bocadillos con mantequilla y dentro ponia un embutido,el que fuese..jamón,chorizo,mortadela..ajaajaj!! que recuerdos,eso si siempre nos acordamos de los bocadillos de mi tia!!! un beso ;-)

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  2. Bravo! Por Huete y muchos más como él ;) Gracias Mar por la visita y el comentario, un beso

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