Reseñar o no reseñar

Quería limitar mis entradas sobre libros, pero otra vez estoy por aquí y en lugar de hablar de otra cosa me empeño en reseñar de nuevo. Por más que intente que éste no sea un blog literario me veo empujado a contradecirme constantemente. Yo quiero miscelania, lo juro por Bokonon, además de música, cine y libros, quiero que aparezcan mis sensaciones, impresiones, pajas mentales u otros menesteres que me hacen vibrar. Pero qué le vamos a hacer si son los libros los que toman la iniciativa y ocupan un lugar más que destacado en mí. A decir verdad hay muchas otras cosas que me hacen sonreír y que me enternecen, pero no voy a hablar aquí largo y tendido (no aún) sobre mi hija, por ejemplo. De mi vida puedo mencionar lugares que visito, música que me invade el corazón como lo han hecho Rokia Traoré o Sixto Rodríguez en los últimos meses, de arte en general, alguna queja en particular, de mi experiencia frente al cáncer, de algunas fotos que tomo, puedo compartir algún escrito e incluso atreverme a algo más, pero llevo ya muchas entradas en las que sólo reseño libros. Y, ojo, que también disfruto con ello. Pero yo sólo soy un simple lector, uno de los que lee mucho, eso sí, pero nada más que un aficionado a la lectura que dispone de tiempo para zamparse entre sesenta y setenta libros al año, y ahí entra de todo: poesía, cómic, novela, ensayo, pero no por eso voy a ir de entendido en literatura, mis reseñas son no-reseñas, éste no es un blog literario, aquí manda la insensatez.
En fin, parece que al final no voy a reseñar y voy a conseguir una entrada únicamente de sensaciones o miscelania, y es que a veces es mejor no hablar, sino actuar.
Voy a mantener esta entrada así y prometo para la próxima una reseña de "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce seguido de Diario de Bar" de Roberto Bolaño & A.G. Porta, que me ha parecido una maravilla. Así, de paso, comentaré también en el mismo post qué tal me ha ido la visita que tengo intención de hacer mañana a la exposición sobre Roberto Bolaño en CCCB: ARCHIVO BOLAÑO. 1977- 2003


En la frontera, de Cormac McCarthy

De nuevo Cormac McCarthy por aquí, y supongo que serán muchas más las veces que aparecerá en el blog a juzgar por cómo me deja el cuerpo después de leer algo suyo; una sensación que perdura incluso con el paso del tiempo. Y es que el recuerdo de las novelas de McCarthy te persigue, te impregna y difícilmente te abandona, es como cuando rememoras momentos de tu vida al percibir ciertos olores o escuchas ciertas canciones.
"En la frontera" hay de nuevo rasgos comunes y el sello inconfundible de McCarthy: desolación y movimiento o, si lo preferís, error y errar (errar de andar vagando de una parte a otra) o, simplemente, búsqueda.
No voy a contar nada de la trama que, aunque buena y entretenida, es una mera excusa para exponer el diálogo interior de alguien, se supone que del propio McCarthy, sobre la culpa y la expiación... De nuevo Dios vuelve a estar presente aquí y es, a través de distintos personajes que va encontrando el protagonista en el camino, que se hilvana un debate sobre el bien y el mal, si merece la pena tener fe o no. El marco para que esto suceda no podría ser más acertado, todavía ahora me revuelve el estómago pensar en sucesos acaecidos en algunas partes de México que descubrí buscando en Internet fotos de los pueblos que aparecen en "En la frontera"; sucesos que nada tienen que ver con la novela, pero que de alguna forma estarán unidos a ella para siempre en mi memoria, algo parecido me ocurre con "2666" de Roberto Bolaño.
En mi opinión esta es una novela cíclica donde el orden sería: errar, sentimiento de culpa, tratar de enmendar y vuelta a empezar en una magistral parte final (final del libro que no de la historia).
Estamos ante una novela que uno puede leer sin problema, sin comerse la cabeza siguiendo la trama, o, leer entre líneas y descubrir lo que realmente nos quiere contar Cormac McCarthy. Las dos opciones son válidas pero yo opté por la segunda. Si se llevara al cine, como ya se ha hecho con algunas de sus obras, se perdería el diálogo interior del que hablo más arriba, pero estaríamos igualmente ante un argumento muy potente, aunque es innegable que cada página está repleta de sentencias que, al menos a mí, me han obligado a parar la lectura y reflexionar. He tardado en leer "En la frontera" mucho más de lo habitual, pero no me arrepiento en absoluto. He disfrutado con todas las pistas que va dejando caer, con las insinuaciones, con lo que no acaba de dejar claro pero sin embargo está ahí y, ya sea o no intención del autor que deduzcamos algo equivocado o acertado, de nuevo McCarthy se nos presenta como un experto creador de escenas de las que se puede conjeturar largo y tendido hasta llegar a varias conclusiones distintas.
"En la frontera" es un canto a la naturaleza, el grito apagado de la resignación, un intento por abolir los abusos, y, ante todo, pura filosofía.

Esta ha sido otra lectura conjunta, aunque yo me he quedado rezagado. Siempre os he tenido en mente, y es que cualquier lectura del "maldito" va intrínsecamente unida para siempre jamás a los amigos del café literario.
"En la frontera" es la segunda entrega de la Trilogía de la frontera formada por "Todos los hermosos caballos", "En la frontera" y "Ciudades de la llanura".
Ya, para terminar, no puedo evitar compartir algunas de las frases que he ido subrayando y que espero os parezcan tan impresionantes como a mí:

Los que no pueden recordar la sangre de la guerra son siempre los más ardientes para la lucha.

Le dijo al chico que aunque fuera huérfano debía dejar de vagar y buscarse un lugar en el mundo, porque errar de aquella manera podía convertirse para él en una pasión y que dicha pasión lo extrañaría de los hombres y en última instancia de sí mismo.

Si se los separa de sus historias los objetos carecen de significado. Solo son formas. De determinado tamaño y color. De determinado peso. Cuando su significado se pierde para nosotros dejan incluso de tener nombre.

La vida es memoria y luego nada.

Todo lo que uno deja de mirar amenaza con desaparecer.

En última instancia el camino de un hombre es el camino de los demás. No hay viajes individuales, pues no hay hombres individuales que los hagan. Todos los hombres son uno y no hay otra historia que contar. 

...compartir el pan no es cosa sencilla, como tampoco lo es aceptarlo.

Yo opino que es mejor dedicarse al estudio de las cosas más pequeñas. Las grandes vendrán después. En las cosas pequeñas se puede progresar.

Si uno se queda quieto el mundo se esfuma.

...se preguntó si a lo que finalmente había llegado no sería que ya no era capaz de distinguir lo que había pasado de lo que no era más que una apariencia.

Hablaba como quien parece entender que la muerte es la condición de la existencia y la vida una emanación de aquella.

El mundo no tiene nombre, dijo. Los nombres de los cerros y las sierras y los desiertos solo existen en los mapas. Los nombramos para no extraviarnos. Y sin embargo empezamos a inventar esos nombres porque ya nos habíamos extraviado. El mundo no se pierde. Somos nosotros los que nos extraviamos.

El mentiroso debe, en primer lugar, saber la verdad.

De sus vidas precedentes habían llegado a la misma interpretación que antes que ellos sus padres. Que el movimiento es en sí mismo una forma de propiedad.


La Buena Novela, de Laurence Cossé

Después de tanto tiempo sin publicar en el blog, albergaba serias dudas sobre si era o no una buena idea volver con una reseña como esta. Y es que una de mis "normas" -aunque no inamovible (nada debería serlo)- es la de no escribir sobre libros que no me hayan gustado.
Pero claro, existen las excusas de peso y las ambivalencias. Un servidor ama los libros, las librerías y los buenos libreros (algo de lo que tristemente andamos faltos por estos lares), y en esta lectura, en "La Buena Novela", uno puede sentirse un poco como en casa, un tanto identificado con sus personajes y descubrir un buen puñado de títulos y escritores que a los que sentimos devoción por la lectura nos viene que ni pintado. Pero, para ponerme a la altura de los protagonistas de "La buena novela" de Laurence Cossé, y siendo algo feroz, he de admitir que no hace honor al título que lleva; no me atrevo a decir que sea una mala novela, eso no, pero dista mucho de entrar en la categoría de los libros que los personajes de la misma considerarían digna de formar parte de su librería, algo que, por otra parte y en mi opinión, me parece totalmente indigno (catalogar entre buenas o malas según que lecturas creo que es una idea horrible para poner en marcha una librería).
Básicamente el argumento es el siguiente: un librero, una socia, y su amor por la buena literatura, les empuja a abrir una librería en París. En ese local sólo tienen cabida las buenas novelas que previamente han sido seleccionadas por un comité formado por escritores selectos. La librería consigue un éxito arrollador y eso parece molestar a alguien que decide atacar a "La Buena novela" y al comité de escritores. Es ahí donde empiezo a encontrar contradicciones, entre los detractores y defensores de la librería, y, qué queréis que os diga, estoy más de acuerdo con los detractores, es decir, sus argumentos me parecen lógicos, y eso que en la librería venden joyas, pero ¿no es acaso mejor que sea el propio lector el que decida, el que de entre miles de escritores y títulos vaya formando su propia biblioteca? ¿es que está mal que te guste por igual leer Stephen King y Cormac Mcacrthy? Porque amigos, yo formo parte del grupo de lectores que disfruta tanto de los bestsellers como de lo que estos tipos consideran las "buenas" novelas, así que al final, para mí, entran a formar parte de lo "Bueno" tanto unas obras como otras.
En general, la narración está bien, se lee con facilidad, tiene una trama que atrae y atrapa, aunque hacia el final hace aguas y es bastante previsible. Además resulta inverosímil el revuelo que genera la implantación de la librería en los medios de comunicación, en la prensa, entre la gente... y más si tenemos en cuenta que estamos en plena era de Internet. Y aunque consideren a muchos de mis escritores favoritos dignos de formar parte de su grupo de elegidos, de los que sí se van encontrar en "La Buena Novela", hay muchos otros que van a dejar fuera y sólo puedo tildar esa opción de elitista (no logro comprender cómo se atreven a dejar fuera, de forma tan descarada además, a Michel Houellebecq).
Creo que me hubiese gustado más si encontrásemos giros, curvas, si se hubiera atrevido a utilizar nombres reales de escritores para formar el comité, si no se criticara tan abiertamente a la gente de izquierdas. En fin, la decepción muchas veces no es por el regalo, sino por lo que te quieren vender cuando ves el envoltorio. 
Y la paradoja es, como digo al principio, que "La Buena Novela" no podría nunca venderse en "La Buena Novela". 




La Buena Novela 
La fundación de una librería parisina «única», llamada «La Buena Novela», desata pasiones, celos y hasta intentos de asesinato. Ivan «Van» Georg, antiguo vendedor de cómics, y la estilosa y seductora Francesca Aldo-Valbelli se juntan para llevar a cabo el sueño de sus vidas: montar una librería que solo venda obras maestras, seleccionadas por un comité secreto de ocho respetables escritores que se esconden bajo seudónimo. Cuando la librería abre, inmediatamente empieza a cosechar un éxito arrollador. ¿Quiénes son esos elitistas y cómo osan decirles a los lectores lo que han de leer? La blogosfera hierve, Internet crepita. Decenas de competidores nacen de la noche a la mañana, clamando por los ideales seudoigualitarios. Ivan y Francesca, estoicamente, intentan aguantar el chaparrón hasta que, de repente, tres de los miembros de su comité secreto son víctimas de accidentes que a punto están de costarles la vida. 

Pues, así estamos

el blog algo abandonado, las lecturas apartadas -no del todo, van cayendo novelas a una velocidad inferior a la habitual, leo poesía, mucha poesía y algún cómic o novela gráfica -como prefieran llamarle-; la música va sonando y vamos aprendiendo a aprender. Laia es la encargada de instruirnos día a día y, esta vez, en esta lección de este curso de la vida, prometo ser un estudiante aplicado. Ayer cumplió 15 días, hoy, a las 19:15h., dieciséis. He sido padre antes de los cuarenta, y mucho antes de aprobar ninguna asignatura, si acaso una: nunca detenerse. Ahora mismo está llorando mientras de fondo suena "Superman" de Quique González, he optado por cogerla en brazos en lugar de cambiar el disco, la palma de mi mano en su diminuto vientre, Laia boca abajo, así se calma. Ahora el bueno de Quique canta "será sólo un momento en un reloj de plata..."



Tomas Jonsson Bestseller, de Gudbergur Bergsson 2ª y última parte (o no)

Ya lo sugirieron los gallegos Siniestro Total en su disco en directo de principios de los noventa: ante todo mucha calma. Y, en este caso, además de paciencia y perseverancia uno debe dejarse arrastrar aunque no comprenda nada. Sé que leer "Tomas Jonsson Bestseller" no es tarea fácil, pero también que merece mucho la pena. Tampoco es fácil describir el argumento, sí es que lo hay. Lo que tengo muy claro es que la novela está repleta de bromas, ironías y sarcasmo, parodias, repetición de clichés de la literatura islandesa, que a nosotros se nos escapan, con lo cual perdemos un tanto por ciento muy elevado de su sentido, motivo por el que es famoso y respetado en su país (se considera la primera novela contemporánea islandesa y fue un éxito el año en que apareció (1966), provocando indignación y admiración a partes iguales debido a su iconoclasia).

No sé si se acerca al "Ulises" de Joyce porque no he tenido -todavía- el placer o el valor de acercarme a él, pero aparecen algunas comparaciones navegando por la red. Así que les sugiero a los fans de Coelho que ni se acerquen. Ya saben que dijo Paulo Coelho a propósito de "Ulises" ¿no? Pues aquí dejo la noticia para que juzguen ustedes mismos:

Este año, justo cuando se cumplen 90 años desde que el escritor irlandés James Joyce escribió su novela Ulises, el superventas Paulo Coelho criticó duramente el clásico literario.

El novelista brasileño hizo una comparación del contenido de libro con la red social Twitter, señalando que “Ulises” dañó a la literatura. "Uno de los libros que causaron un gran daño fue el de James Joyce; ‘Ulises’, que es puro estilo. No hay nada allí. Si disecas a Ulises, tienes un Twitter", señaló sobre la obra que destaca, entre otras cosas, por el monólogo de Molly, donde no hay puntos.

Pese a que la novela escrita en 1922, es considerada una de las mejores del siglo XX, el autor de “El Alquimista” y “Veronika decide morir”, la calificó de "una estupidez". Ello, porque a su juicio, Joyce fue quien inició una tendencia entre los escritores donde lo único que buscarían sería el reconocimiento público y el sobresalir ante sus pares.


Gudbergur Bergsson, escritor Islandés, es autor de casi veinte novelas de las que se han traducido al español menos de la mitad: "Tomas Jonsson Bestseller", "El cisne", "La magia de la niñez", "Amor duro", "Las maestras paralíticas", "Pérdida"...
Por lo poco que he averiguado de él, está considerado un gran poeta, y eso es algo que se percibe leyendo "Tomas Jonsson Bestseller". Pese a ser una narración embrollada -un viejo senil que narra entre diferentes textos de todo tipo historias que comienzan y terminan, otras que se repiten con distintos personajes, personajes que aparecen y desaparecen, se fusionan y se separan, escenas que parecen sueños o pesadillas pero que al reiterarlas de distintas formas uno acaba creyendo que son reales- pues a pesar de eso y de sufrir momentos escatológicos, en su escritura hay cierta belleza poética. Ya he transcrito, en entradas anteriores en este blog, frases que hacen evidente esa belleza, pero no quiero despedirme aún de esta novela sin añadir alguna más. En este caso el fragmento que he elegido tiene mucho que ver, pero mucho, con la última lectura conjunta en el café literario, nada más y nada menos que "Vida y época de Michael k" de J.M. Coetzee (los que la han leído entenderán a que me refiero):  

Algunas personas son un mero producto de la mente. La vida y los actos de esas personas no son fruto de sí mismas, sino que han sido cultivadas solícitamente en un vivero. Sin la mente, su vida no sería nada más que sufrimiento. Otras personas viven una vida silvestre y fruto de sí misma, que no necesita de mente alguna. Así, la vida florece y crece en cualquier parte donde exista suelo fértil. Así, la vida sólo necesita abono artificial. Tomas Jonsson no está en ninguno de los dos grupos. Su vida, y en ello radica su mayor valor, no fue nunca nada. Como mucho, la vida de un grano de arena que por casualidad cayó en una valva. Gracias al oleaje constante y al choque del mar en la pared del bivalvo, se formó cal encima del grano de arena. (En algunos sitios llaman a eso una perla.) En tales casos el azar determina que unas veces el grano de cal llegue a ser grande o extraño, una perla, o que quede cubierto de granillos, que disminuyen el valor de la perla en el mercado.

Tomas Jonsson es en cualquier caso, un hecho.


(yo llamo a la aurora boreal el arco iris de la noche, me voy a ir a la cama)

Por cierto, hay que destacar el trabajo, el enorme y fantástico trabajo del traductor Enrique Bernárdez.

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VINILTECA 107