¡Todo importa!, de Ron Currie

Para empezar diré que esta novela, !Todo importa! (2009), la segunda de Ron Currie, es muy fácil recomendar pero muy difícil reseñar. He disfrutado como cuando leí Stone Junction de Jim Dodge, como cuando tropecé con Kurt Vonnegut y no quise dejarlo, como disfruté con Leviatán o El Palacio de la Luna de Paul Auster. Estoy entusiasmado y creo firmemente que esta novela se convertirá en una obra de culto.  
Gabriel García Márquez dice a propósito de la escritura de Faulkner, que si uno logra desmontar una de sus páginas tiene la impresión de que le sobran resortes y tornillos y que es imposible devolverla otra vez a su estado original. Algo parecido, salvando las distancias, ocurre en ¡Todo importa!, le podemos ver los tornillos y podemos imaginarnos a medida que nos llegan datos lo que va a venir después (aunque hay giros impresionantes e inesperados y momentos en los que se estira tanto la cuerda que parece que la trama se va a torcer, que va a perder credibilidad, aunque eso, amigos, no sucede en toda la novela, créanme nada se tuerce. Pero tampoco es perfecta, no nos vayamos a engañar, como no lo es ninguna, como no lo es la vida).
Pues eso, aunque tuviéramos todos los resortes y tornillos localizados, nunca podríamos unirlos con la maestría y en el orden que Ron Currie logra hilvanar las historias y acontecimientos que les suceden a los personajes de esta magnífica novela. Porque aquí el orden, además de la trama y subtramas, importa.
No quiero introducir spoilers en esta reseña, me gustaría que quien se acercara a esta novela lo hiciera como lo hice yo, sin saber apenas nada, sólo lo básico, lo que uno se encuentra en la solapa del libro y las comparaciones a otros escritores que sugiere esta lectura.

Para continuar un breve resumen, mezcla del que encontramos en la solapa más lo que un servidor aporta:
En la primera página, un par de citas. La primera y más importante, la que mejor define esta novela, pertenece a una canción del grupo The Flaming Lips "In the morning of the Magicians": What is love and what is hate, and why does it matter? [¿Qué es amor y qué es odio, y por qué importa?].
Amor y odio y qué es lo que realmente importa, de eso trata esta novela.
Empieza con una cuenta atrás (aunque bien pensado es una cuenta hacia adelante, empezamos en el útero donde Junior Thibodeau recibe los primeros mensajes de unas misteriosas voces que le acompañaran toda su vida...)   

97 Primero, ¡disfruta de este momento! Nunca volverás a tener tan pocas responsabilidades en lo que se refiere a tu propia supervivencia...  96 Tu madre tiene otro crío, tu hermano, que cuando estaba en el útero era un tornado... 95...

El día de su nacimiento, Junior Thibodeau escucha una voz que le transmite una fatal profecía: en treinta y seis años, 168 días, 14 horas y 23 segundos (es decir, el 15 de junio del 2010 a las 3:44 p.m.)un cometa arrasará la vida en la Tierra. Sólo él lo sabe, y Junior no para de preguntarse si hay algo que realmente merezca la pena. La misteriosa voz también le confiesa secretos acerca de su familia y Amy, el amor de su vida y su compañera en los actos heroicos que podrían salvar la humanidad. 

Pero no todo es tan simple.
Aquí van a encontrar a personajes entrañables, empezando por Junior y Amy, John senior y Debbie (los padres de junior), Rodney (el hermano), una profesora que podría haber sido la primera mujer astronauta estadounidense, Sawyer (del que no quiero contar nada), un negro revolucionario al que le faltan dos piernas, un brazo y media mano (vamos a saber cómo perdió sus extremidades y nos va a dar la risa, humor negro rizando el rizo).
La narración corre a cargo de los personajes principales y cada capítulo es narrado por un de ellos, empezando por las voces que escucha Junior en su cabeza en esa cuenta atrás, siguiendo por Debbie, Rodney, John Senior, Junior, Amy... Se van alternando y algunos, en algún momento, dejan de narrar...

Vamos a viajar por Estados Unidos y por una parte de su historia reciente. Vamos a reflexionar sobre lo que de verdad importa. Vamos a luchar contra el cáncer y lo conoceremos a fondo. Vamos a ver de nuevo Melancolía (2011) y nos haremos las mismas preguntas que cuando vimos la película de Lars von Trier. Se acerca un cometa a la Tierra y vamos a morir, todo lo que conocemos va a desaparecer. Lo sabemos, así que ¿qué se le puede hacer?

 ...luchando mucho con este hilo de lana gris que tengo enredado entre mis piernas. 
Es muy pesado para andar arrastrándolo. (de Melancolía)
 
Ya que ¡Todo importa! tiene algo de ciencia ficción, corto y pego aquí un fragmento escrito por Philip K. Dick donde define qué es ciencia ficción:

En primer lugar, definiré lo que es la ciencia ficción diciendo lo que no es. No puede ser definida como "un relato, novela o drama ambientado en el futuro", desde el momento en que existe algo como la aventura espacial, que está ambientada en el futuro pero no es ciencia ficción; se trata simplemente de aventuras, combates y guerras espaciales que se desarrollan en un futuro de tecnología avanzada. ¿Y por qué no es ciencia ficción? Lo es en apariencia. Sin embargo la aventura espacial carece de la nueva idea diferenciadora que es el ingrediente esencial. Por otra parte, también puede haber ciencia ficción ambientada en el presente: los relatos o novelas de mundos alternativos. De modo que si separamos la ciencia ficción del futuro y de la tecnología altamente avanzada, ¿a qué podemos llamar ciencia ficción? 

La Caza del Carnero Salvaje, de Haruki Murakami (segunda lectura)

En breve leeré y reseñaré Baila, baila, baila. Se trata de una novela escrita en 1988 por Haruki Murakami y que por fin ha llegado a nuestras librerías gracias a Tusquets. Es la secuela de La Caza del Carnero Salvaje (1982) que publicó Anagrama en 1992.
Ese ha sido el principal motivo por el que he vuelto a leer La Caza del Carnero Salvaje, para refrescar la memoria; aunque a decir verdad mi memoria, en lo que respecta a esta novela, estaba absolutamente formateada a excepción de una escena y una frase. También volví a ella porque se propuso su lectura conjunta con el grupo de Facebook Café Literario y en Twitter con el hastag #wildcarnero.
La escena que recordaba de mi primer contacto con esta novela es en la que hace su aparición el personaje del Hombre Carnero; algo así como el Mistery Man de Lost Highway (y pido disculpas por volver a mencionar mi película favorita, pero es que aunque intente evitarlo Lynch aparece cuando menos lo espero, y en verdad esta novela precisamente contiene muchos escenarios y pasajes que podrían aparecer sin desentonar para nada en una película de David Lynch).

Y he aquí la frase que permaneció intacta en mi memoria:

Cierto escritor ruso escribió que aunque el carácter puede cambiar, la mediocridad no tiene remedio. Los rusos, de vez en cuando, se descuelgan con frases redondas.

La primera vez que leí esta novela recuerdo que me fascinó (a pesar de que con el tiempo, como digo, no he retenido nada, o casi nada). En mi mente, eso sí, guardaba sensaciones placenteras, muy placenteras del que fue uno de mis primeros encuentros con el escritor japonés. Es curioso que recuerde incluso olores a tierra húmeda de aquellos días lluviosos mientras leía La Caza del Carnero Salvaje y en cambio hubiese olvidado la trama.

No puedo decir lo mismo en este segundo encuentro, hasta he sentido un poco de vergüenza ajena en algunos pasajes donde se menciona los pedos del gato "boquerón", los cuescos que suelta un espectador en un cine o en reflexiones tan poco afortunadas y rimbombantes como esta:

Decidí dar un salto de casi treinta años, de 1938 a 1965, y pasar al capítulo titulado «La ciudad actual». El adjetivo «actual» del libro se refería a 1970, así que de actualidad tenía ya poco. Lo verdaderamente actual era octubre de 1978. No obstante, al escribir la historia de lo que sea, parece que es indispensable rematarla con un capítulo dedicado a la «actualidad». Y aunque lo actual pierda muy pronto su actualidad, nadie podrá negar el hecho de que la actualidad siempre será actual. Si la actualidad dejara de ser actual, la historia dejaría de ser historia.

Y por lo que respecta a pedos y cuescos:

El gato, asustado, mordió al chófer en el dedo pulgar y acto seguido se tiró un pedo.

Este fragmento es el del cine al que me refería antes:

En uno de los asientos delanteros roncaba patéticamente un hombre de mediana edad; sus ronquidos recordaban el sonido de una bocina rasgando la niebla. En el rincón de la derecha había una parejita dándose un lote monumental. En las últimas filas, alguien se tiró un sonoro cuesco. Tan sonoro que detuvo por un instante los ronquidos del hombre de mediana edad. Un par de chicas, con aspecto de estudiantes de bachillerato, que iban juntas, se desternillaron de risa.
Por asociación de ideas, me acordé de Boquerón. Y al acordarme de él caí en la cuenta de que había dejado Tokio para ir a Sapporo, donde me encontraba. Dicho de otro modo, hasta que oí aquel cuesco tan sonoro, no tomé conciencia de lo lejos que estaba de Tokio.
¡Qué raro, ¿verdad?!

Pues sí, es muy raro... aunque yo también cuando oigo un cuesco tomo conciencia de lo lejos que estoy de Tokio...
La puntué en Goodreads con cinco estrellas ocho o nueve años después de mi primera lectura por el buen recuerdo (sensorial) que me había dejado. Ahora, mientras la leía por segunda vez, he tenido que hacer un esfuerzo terrible por no meterme un dedo acusador en un ojo o en mitad del cerebro para averiguar qué le pasaba a mi antiguo yo, el que tenía treinta años. Porque en esta ocasión estuve tentado de dejarla a medias, de valorarla con dos estrellas, tres si quería ser generoso. Y entonces uno se pregunta ¿cómo al final has optado por cuatro estrellas? (puntuación de cuatro a una novela japonesa, menuda ironía por otra parte). Pues porque es Murakami, y Murakami me ha dado momentos impagables. Porque mi yo de hace ocho o nueve años no podía estar tan equivocado, y porque siempre quiero llegar al final, y, es entonces, cuando debo reflexionar, valorar y opinar. En realidad sólo los fragmentos de la novela que he colgado en esta reseña son las partes que para mi gusto sobran en una historia creada por un escritor novel (muy pronto Nobel) sobre un personaje treintañero (quizá por eso me gustó tanto la primera vez) que se busca a sí mismo. Un ambiente onírico de principio a fin donde personajes sin nombre, como mucho con apodos, desfilan y se confiesan mientras van cayendo pistas. En definitiva, estamos en el universo Murakamiano donde no pueden faltar extrañas organizaciones, personajes aún más extraños, gatos, chicas con un sexto sentido, bares y jazz, bosques y pozos, sexo...
En general y, sobre todo la parte final, Murakami ha conseguido que me vuelva a reconciliar con mi antiguo yo; comprender por qué me gustó tanto la primera vez y por qué he sido un poco más crítico esta segunda. Sólo por eso, por lograr que viaje en el tiempo y me vea de nuevo en "aquella" situación, merece cuatro estrellas. Ahora espero con muchas más ganas que llegue a mis manos Baila, baila, baila para volver a entrar en El Hotel del Delfín y oír de nuevo qué dice el Hombre Carnero.

Apéndice: 


¿Por qué no tienen nombre los personajes? Dos fragmentos (bonus tracks):

1.


—¿Por qué no le pusiste nombre al gato cuando vivía contigo?
—Pues no sé… —dije. Y con el encendedor del emblema del carnero encendí un cigarrillo—. Supongo que porque no me gustan los nombres. Yo soy yo; y tú eres tú; y nosotros, nosotros; y ellos, ellos. ¿Y para qué más, si con eso basta?, digo yo.


2.


El joven ainu se encontró un día con una partida de cazadores de su raza que merodeaba por allí, y se acercó para preguntarles:
—¿Cómo se llama este lugar?
—¿Crees que un rincón perdido como éste puede tener un nombre? —le contestaron.




Y estas han sido algunas de las reflexiones que he ido colgando mientras leía La Caza del Carnero Salvaje:


#wildcarnero Carneros, lombrices y ratones

#wildcarnero estoy flipando con mi falta de memoria... sólo recuerdo una frase hasta el momento...

#wildcarnero De momento sólo un personaje tiene nombre, boquerón, y es un gato, y hay un muchacho con apodo, ratón

#wildcarnero Con el profesor Ovino... entre los cuescos del gato y los del tipo del cine, y ahora este profesor, esto tiene aires de Mortadelo y Filemón.

#wildcarnero No siento lo mismo que la primera vez, eso es así

#wildcarnero Recta final con el hombre carnero

#wildcarnero reconciliación con el ratón que da cuerda al mundo

Magnífica reseña de Sergio en su blog Galletas Chinas
Y otra de Marta en su blog Leer Sin Prisa

"El animal moribundo" de Philip Roth [Reseña conjunta]


2002 | 176 pp. | Alfaguara | The Dying Animal | 9788420465067

(by Jordi Via): Crítico de literatura en diversos medios de comunicación, profesor de literatura en una universidad neoyorquina, le gustan las jóvenes estudiantes y acostarse con ellas si ya se han graduado (una regla que fijó hace unos quince años y que no ha roto jamás, aunque por temor a ser denunciado por acoso sexual). Él es David Kepesh, protagonista de tres novelas de Philip Roth: "El Pecho" (1972), "El Profesor del Deseo" (1977), y, la que aquí se reseña, "El Animal Moribundo" (2001). Debo decir que sólo he leído esta última y que tarde o temprano, a pesar de lo que cuento a continuación, leeré las dos primeras; porque si bien es cierto que David Kepesh me cae mal, también es cierto que todo lo que he sentido durante la lectura de esta novela ha sido “real”, y esa sensación llega gracias a Philip Roth, el mérito es sólo suyo; consigue que en algunos pasajes me excite, que en otros me enfade y discuta con este hombre “maduro” (ronda los setenta años cuando nos detalla parte de su vida), y, aunque me da cierto apuro admitirlo, también llego a estar de acuerdo con muchas de sus sentencias y logra que me sienta identificado con alguna que otra situación que narra y que me ha tocado vivir (y que conste que no hablo desde el resentimiento).

Pero la verdad es que no soporto a David Kepesh, lo siento, no aguanto su egotismo y autocomplacencia, la falta de tacto hacia los demás y, sobre todo, no aguanto los aires de superioridad que gasta tanto en el aspecto cultural como en el económico. Detesto la manera que tiene de hablar y tratar a las mujeres, casi mejor será omitir lo que pienso sobre la parte “importante” de la trama y que tiene que ver con Consuelo Castillo (la obsesión de Kepesh) y con el episodio que pretende ser el más transgresor que ocurre en la novela y que no es tan escandaloso como nos quiere vender David. Desde el principio se intuye que algo muy malo va a ocurrir, que las relaciones sexuales nos van a trastocar, pero, en serio, este tipo no hace nada que nos pueda sorprender excesivamente en ese aspecto, y el “quid”, esa parte tan importante de la trama, es algo que casi roza lo ridículo.

No sé si Philip Roth pretendía que David Kepesh cayese bien a los lectores, pero obviamente hay algo tendencioso en cada una de las conversaciones (tal vez sería mejor decir soliloquios) que mantiene con ese alguien al que nunca conoceremos (ni a él / ella ni ninguna de sus opiniones). Consigue justificar todos sus actos, así que casi me decanto por pensar que lo que en verdad mantiene David es una conversación en su mente y en estos casos, cuando eso ocurre, cuando discutimos con nosotros mismos, todos nos ocupamos de salir victoriosos a cualquier enfrentamiento y así obtener las respuestas que más nos convienen.


“Tengo un hijo de cuarenta y dos años ridículo. Ridículo porque es hijo mío, encarcelado en su matrimonio debido a que yo huí del mío, la importancia que eso ha tenido para él y la protesta contra mi vida personal que se ha obstinado en hacer suya. La ridiculez es el precio que paga por haber sido transformado demasiado pronto en un Telémaco, pequeño y heroico defensor de su madre desatendida. No obstante, durante los tres años en que sufrí accesos intermitentes de depresión, fui mil veces más ridículo que Kenny. ¿Qué quiero decir con la palabra ridículo? ¿Qué es la ridiculez? Renunciar voluntariamente a tu libertad, esa es la definición de ridiculez.”


¿Cómo no podemos comprender la actitud de su hijo?
A él y a su ex mujer los abandonó por líos de faldas en plena revolución sexual. Los juzgamos, igual que a todos los personajes que deambulan por "El Animal Moribundo", por cómo los describe David. Lo que opinan los demás de él también nos llega a través de su propia voz, es un texto aborreciblemente subjetivo, no es nada duro consigo mismo; sale de rositas aun en la peor de las situaciones en las que se pueda involucrar o en las opiniones que llega a manifestar y me asusta comprender que hay mucho de él en mí.

"La única obsesión que todo el mundo desea: "amor". ¿La gente cree que al enamorarse se completa? ¿La unión platónica de las almas? Yo no lo creo así. Creo que estás completo antes de empezar. Y el amor te fractura. Estás completo y luego estás partido. Ella es un cuerpo extraño introducido en tu totalidad. Y durante año y medio te esforzaste por asimilarlo. Pero nunca estarás completo hasta que lo expeles."

(by Offuscatio): "El Animal Moribundo" es la primera novela que me leo de Philip Roth, pero no será la última. Sí, eso lo tengo claro. Lo difícil viene ahora cuando me siento delante de más de veinte teclas y no sé cuál pulsar para que las palabras broten con fluidez y le hagan justicia. Quizá, podría empezar por apropiarme de las palabras del autor para decir que, en estas páginas, se habla "del caos de Eros, de la desestabilización radical que es la excitación". Sin embargo, "El animal moribundo" es mucho más que una novela de alto voltaje. Narrada en primera persona por su protagonista, su principal valor reside en la figura de un personaje narrador cercano, sólido y creíble: el profesor de escritura crítica y comentarista televisivo David Kepesh que, a sus sesenta y dos años, se obsesiona por una chica cubana de veinticuatro, Consuelo, y se ve obligado a replantear sus principios. Esta crisis existencial provocada por los celos, la incertidumbre y el temor a perderla da así lugar a un extenso, preciso e impresionante monólogo en el que Kepesh cuestiona las normas y convenciones sociales y, a la vez, reflexiona sobre la muerte y la vejez:


"Hasta no hace muchos años existía una manera preconcebida de ser viejo, como existía una manera preconcebida de ser joven. Ya no prevalece ni una ni otra. Ha tenido lugar una gran lucha por lo permisible y se ha dado un gran vuelco. De todos modos, ¿debería un hombre de setenta años involucrarse en el aspecto carnal de la comedia humana? ¿Ser un hombre mayor que rechaza sin disculparse la vida monástica, todavía susceptible de excitarse humanamente?"


Desde la revolución sexual de los años sesenta, pasando por el lado más oculto del arte francés del coqueteo, hasta el fracaso del matrimonio, todo parece estar enlazado a una verdad mayor: la hipocresía de las vidas falsamente felices, dibujadas con regla y escuadra para encajar en lo que se considera políticamente correcto. No obstante, nada de ello parece indicar que su propósito sea ofrecer una propuesta de liberación. Desde mi punto de vista, lo que logra Roth aquí, con su prosa cristalina, ácida y embriagadora, es sacudir los pilares morales por los que el lector camina sin apenas darse cuenta y obligarlo a reflexionar sobre ciertos comportamientos que son, de forma consciente o inconsciente, señalados con el dedo indicador bien estirado en el que las arrugas representan prejuicios e ideales fabricados por otros. Asimismo, pese a que Kepesh no esté trazado precisamente con la intención de que su discurso genere simpatía, en un determinado momento el lector es obligado a cambiar de posición con el protagonista, a ocupar el sillón del consultorio de un hipotético psiquiatra y a pronunciarse al respecto. Porque, cuando se llega al final, las dudas superan las certezas. O, como dice el narrador, porque "los argumentos a favor y en contra son lo que componen la historia, o bien impones tus ideas o bien te las imponen. Nos guste o no, ésa es la disyuntiva".

Dicho todo esto, para mí, "El Animal Moribundo" es una de esas lecturas obligadas y necesarias. Una novela concebida para desestabilizar y encerrar el lector en una hábil trampa que inevitablemente le recordará que él mismo, en algún momento, puede haber sido (o llegar a ser) tan egoísta - o ridículo - como Kepesh.

Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy

Maldito Cormac McCarthy, malditas sus novelas (las que he leído: La carretera, No es país para viejos, La oscuridad exterior y, la que terminé ayer, Meridiano de sangre... y también las que tal vez leeré en un futuro que no preveo muy cercano: El guardián del vergel, Hijo de Dios, Todos los hermosos caballos...); malditas citas bíblicas, malditos personajes, y todas las situaciones desgarradoras, sangre, pedofilia, violaciones y aberraciones que nuestra imaginación nos empuja a recrear mientras leemos cualquiera de sus relatos. Porque no sólo nos brinda pasajes explícitos que nos estremecen, muchas veces McCarthy,  magistralmente eso sí,  nos dibuja una imagen o fragmento de una escena que automáticamente nosotros recomponemos por completo, juzgamos y, seguramente hacemos mal, pero la terminamos y damos por hecho algo que quizá sucedió de otro modo. Por eso me atrevo a decir que el Juez Holden no es tan malo como nos quieren hacer creer. Incluso llega a caer simpático. Es un líder, alguien inteligente, culto, que atrapa y enamora; una mente repleta de conocimientos, un profesor. A pesar de que le atribuimos asesinatos, violaciones y demás actos reprobables, y es un personaje por el que sentimos una profunda repulsión y, por qué no decirlo, nos infunde miedo, mucho miedo, pues, a pesar de todo eso, no recuerdo haberle "visto" con las manos en la masa en toda la novela. Nos ocurre como a los demás personajes de Meridiano de sangre, nadie le pilla in fraganti; y ahí creo que se esconde algún mensaje.
Y ¿Quién es él? ¿y quién el Chaval? 
Al Chaval, del que nunca sabemos su nombre aunque en una ocasión el juez Holden le apoda Blasarius, que es un término arcaico legal de un incendiario, una persona culpable de incendio intencional, tampoco le "vemos" explícitamente asesinar, cortar orejas o cabelleras a ningún indio. Nunca leí la Biblia, pero creo que los dos personajes principales y antagónicos tienen mucho que ver con alguna de las historias que se hallan en ella.
Y ya que hablamos de fuego hay que decir que otra vez en una novela de McCarthy este elemento, uno de los cuatro clásicos, es fundamental en la narración, aunque el aire, la tierra y sobre todo el agua son tan importantes o más que los personajes: ...contemplaron el fuego, el fuego que contiene en sí mismo algo de los propios hombres en la medida en que el hombre es menos sin él y se aparta de sus orígenes y está como exiliado. Pues cada fuego es todos los fuegos, el primer fuego y el último que habrá nunca.
En Meridiano de sangre, nos adentramos en una época de genocidios, de masacres en la frontera entre Texas y México.  Las autoridades mexicanas y del estado de Texas organizan una expedición paramilitar para acabar con el mayor número posible de indios. Es el llamado Grupo Glanton, que tiene como líder espiritual al llamado juez Holden, un ser violento y cruel, un hombre calvo, albino, sin pestañas ni cejas. Nunca duerme. Pero baila y baila y baila...

McCarthy se basó en hechos y personajes reales para escribir esta novela considerada por la revista Time como una de las mejores 100 novelas en inglés desde 1923 hasta 2005 y que ostenta el tercer lugar de las mejores novelas escritas en los últimos 25 años en una encuesta que realiza cada año el New York Times a unos doscientos destacados escritores, críticos, editores y otros sabios literarios. 
Yo lo he pasado francamente mal. Tuve que interrumpir la lectura un par de semanas. Y he de admitir que me costó, tuve que esforzarme, y creo que por el momento no volveré a McCarthy, o sí, no lo sé, porque aún sigo en el desierto trashumando y escondiéndome sin saber contra qué ni por qué lucho.

Ha sido otra lectura conjunta en Twitter y en Facebook con el grupo Café Literario. Más reseñas de Meridiano de Sangre: Leer sin prisa, Claraboya literaria, Notas de mis lecturas, Libros, cd's, cine...
Y ya que estamos, reseña de La oscuridad exterior: Offuscatio, Libros, cd's,cine... y de La Carretera: Libros, cd's, cine...

Los hermanos Tanner, de Robert Walser

Dicho de otro modo, en lugar de dedicarme a leer a Robert Walser, por ejemplo, me puse a escribir sobre él para tener que leerlo. (Enrique Vila-Matas) 

No le deseo a nadie ser yo. Solo yo soy capaz de soportarme. Saber tanto, haber visto tanto y no decir nada, absolutamente nada. (Robert Walser)

Descubrí a Robert Walser mientras descubría a Enrique Vila-Matas. También leí un ensayo de J. M. Coetzee sobre el escritor suizo, algo así como una pequeña biografía, excelente como todo lo que escribe Coetzee pero que no me empujó al abismo como sí lo hizo Vila-Matas. Debo admitir que haber leído sobre Walser antes de leer al propio Walser ya crea una serie de expectativas o cierta predisposición, y sí, para qué negarlo, algo de devoción. Pero también es cierto que al leer alguna de sus obras se siente algo parecido a recibir un suave masaje o, en otras palabras, leer a Walser es fácil, estimulante y uno quiere más.


...cierto es que sólo soy respetado por una persona: yo mismo, pero es alguien cuyo respeto es el que más me importa 
...En una reunión bien concurrida donde lo importante es manifestarse y agradar lanzando parrafadas brillantes, tú permanecerás siempre mudo porque no tendrás ganas de abrir la boca entre tanto charlatán inútil
...Acabaré convirtiéndome en un hombre entregado en cuerpo y alma al presente, sin recordar mi afinidad con cosas aún pendientes
...Tengo que buscarme otra vida, una nueva, aunque mi vida entera deba consistir en la simple búsqueda de esa vida  


En "Los hermanos Tanner" puede dar la sensación de que no ocurre nada, que los paseos no te llevan a ningún sitio, y, sin embargo, podemos encontrar a un hombre avanzado a su tiempo e incluso al nuestro. Robert Walser nos habla con la misma naturalidad sobre infidelidad, incesto, homosexualidad, arte y, ante todo, de paseos y lo que se siente durante los mismos. 
Como dice Kafka, y podemos leer en la contraportada de la edición de bolsillo que hace pocos meses salió a la venta, «¿Acaso Simon Tanner no vagabundea, nadando en la felicidad, para no producir nada, a no ser el goce del lector?» Y es que el mismo Simon podría ser el alter-ego de Robert Walser. Como curiosidad aparece un personaje, un poeta, al que el propio Simon Tanner encuentra muerto y congelado en la nieve tal y como cincuenta y tres años después de publicarse esta novela unos niños hallaron el cadáver de Robert Walser. Casi que vaticinó su muerte, e incluso, Simon Tanner, la ensalza, le parece de lo más esplendida, una tumba de gran nobleza. 


“El día de Navidad de 1956, la policía de la ciudad de Herisau, al este de Suiza, recibió una llamada: unos niños se habían tropezado con el cuerpo de un hombre muerto por congelación en un campo nevado. Cuando llegó a la escena, la policía primero tomó fotografías, luego retiró el cuerpo.

El difunto no tardó en ser identificado: era Robert Walser, de setenta y ocho años de edad, que había desaparecido de un hospital mental de la zona. (…)
Las fotografías de la policía mostraban a un anciano ataviado con un abrigo largo y botas, despatarrado sobre la nieve, los ojos totalmente abiertos, la mandíbula floja. Estas fotografías se han reproducido amplia (y desvergonzadamente) en la literatura crítica sobre Walser (…)
(J. M. Coetzee)

Robert Walser te gustará si te gusta la poesía, si te gusta pasear, si cuando vas por un sendero no sientes tedio.

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