Stencils cazados en París 1: Jef Aerosol


Después de pasar unos días en París -luz, luz, museos, calles y bulevares, avenidas y plazas, cementerios (nunca estuve tan cerca de Júlio Cortázar, Carol Dunlop, Marguerite Duras, Charles Baudelaire, Serge Gainsbourg, Jim Morrison, Edith Piaf, Oscar Wilde...), librerías (en Shakespeare and Company nos hubiésemos quedado muchas horas)-, toca recopilar fotografías, datos y demás recuerdos y souvenirs.
Por supuesto también recorrimos Rue Vaneau, como no, y estuvimos en esa farmacia, en el número 25, donde el Doctor Pasavento compró aspirinas. Sólo decirle a Vila-Matas que lamentablemente ya no hay calma tensa en esa literaria calle, sino tensión desatada y ruido por culpa de unas obras al principio de la misma. Además pisamos una enorme mierda de, se supone, perro (si la llego a encontrar en el campo no hubiese dudado que la encargada de deponer dicha tarta era una vaca) mientras distraídos mirábamos hacia arriba en los portales y fachadas en busca de los números que llevaba apuntados en un papel repleto de microdatos sacados de Doctor Pasavento. En fin, a Rue Vaneau y a los cementerios ya les dedicaré otro post, éste es para los stencils cazados por las calles y rincones de París durante largos paseos Walserianos. 
He conseguido fotografiar muchos stencils, pero por ahora empezamos con todo un descubrimiento, al menos para mí: Jef Aerosol.

    


                                         
  fotos jordi via


                                                                 

De Bolaño, Los personajes fatales

Fragmento de "Los personajes fatales" del libro "Entre Paréntesis" de Roberto Bolaño. La fotografía es de Sergio Larraín.


Larraín fotografía a gente paseando por Hyde Park. En apariencia es una foto inglesa y es una foto normal: la quebradiza armonía atrapada por la cola. Sin embargo, si la miro con atención, distingo en el lado derecho a un aldeano de Santiago de Chile, un empleado de ministerio o de banca, en cualquier caso un oficinista o un burócrata, un buen hombre que jamás ha salido de Chile, su sombrerito así lo atestigua, sorprendido mientras pasea por Hyde Park con gesto adusto (un gesto adusto de lo más desvalido, por otra parte), como si pensara en cosas abstrusas. En el lado izquierdo de la foto una chica, una canguro, empuja un carrito de bebé que no se ve: sólo aparece en el objetivo el manillar. Esta chica sí que es inglesa: sus ojos miran el carrito que yo no veo y el niño que yo no veo, pero por el gesto de su rostro uno comprende fácilmente que se encuentra en otro lugar; un lugar mucho más cálido, el trópico de las formas geométricas, el trópico de los exilios geométricos. La foto no acaba con estos dos personajes que en realidad sólo la enmarcan y que enmarcándola le dan un giro; en medio de la canguro luciferina y del aldeano de Santiago de Chile, pero más alejados, una pareja tomada del brazo avanza hacia el ojo del fotógrafo y hacia el primer plano, que de esta manera se convierte en una promesa de futuro, como si el destino de esa pareja ideal (y eminentemente británica) fuera el peripatético chileno y el bebé que no vemos y su dudosa vigilante. Pero incluso aquí no se acaba la foto (pues esta foto y tal vez todas las fotos tienen un principio y un final, aunque por regla general nunca sepamos a ciencia cierta cuál es el principio y cuál es el final) o no se acaba la puesta en escena de personajes: al fondo, mínimas, se ven tres siluetas, éstas sí en el centro exacto del objetivo, tres siluetas que se equilibran en el punto en donde el plácido camino de Hyde Park se confunde con el horizonte y que no sé si avanzan hacia la cámara de Larraín o se alejan de ella, probablemente avanzan, tres siluetas que son como tres agujeros negros y como tres arañazos mínimos en la fatal placidez (y lucidez) de esta fotografía.

Bailando descalzo

Aún no he agradecido las más de 50.000 visitas recibidas en este blog desde que empecé y que se han contabilizado esta semana. Sí lo hice en twitter, pero no aquí, donde se debía hacer. Así que muchas gracias por pasearos por LilVia, lil de pequeño, petit, y Via por mi apellido. Éste es el séptimo año que en LilVia escribo como mínimo una entrada. Quizá ésta será una de las entradas más vacuas, o tal vez no. Creo que la entrada más sosa es una en la que sólo hay una imagen. No lo sé. Me da igual. Esto es lo que es, un sueño, mi sueño. Y no hay nadie aquí para pellizcarme, y aunque lo hubiera y me pellizcara, podría ser producto de mi imaginación, de mi sueño, un sueño dentro de otro sueño y así sucesivamente hasta que nadie entienda nada, ni yo mismo.

Desde Doctor Pasavento que no menciono libros por aquí. Y desde entonces los libros han estado muy presentes en mi vida/sueño. Mucho.
¡Ay Doctor! en breve seguiré sus pasos... En Rue Vaneau, por ejemplo. Y ya ansío entrar en La Hune y ver al clochard en persona. Lo filmaré, lo fotografiaré, respiraré esa calma tensa cerca de la embajada de Siria. Luego os cuento.
Al terminar Doctor Pasavento leí El Adversario de Emmanuel Carrère. Mi amigo @Joanfelizz, con dos zetas porque es muy muy feliz, me sorprendió con ese regalo que un servidor había pedido a los reyes. De Carrère ya había leído Una Novela Rusa y la excelente biografía de Philip K. Dick, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos.
A propósito de Philip K. Dick, acabo de leer en Entre Paréntesis de Roberto Bolaño algo que me ha fascinado, nada tiene de extraño por otra parte que me fascine algo escrito por él, corto y pego: Dick, pese a todo, no pierde en ningún momento el sentido del humor y por lo tanto no es un descendiente de Melville sino un descendiente de Twain, aunque Fresán, que sabe más de Dick que yo, oponga algún reparo. Para Dick todo arte es política. No olvidar eso. Dick es posiblemente uno de los autores más plagiados del siglo XX.
Todo arte es política... Qué curioso, el fin de semana pasado mantuvimos una interesante conversación con unos amigos sobre el arte, y por ahí iban los tiros. El artista, al final, se convierte en empresario y deja de crear arte, se decía. No voy a disertar aquí y ahora sobre el tema, pero no me negarán que algo de razón lleva.
El Adversario de Carrère me impactó. No sólo la frialdad del protagonista, que en 1993 mató a su mujer, sus hijos y sus padres, sino el hecho de que alguien pueda vivir tantos años fingiendo ser quien no es; engañando a amigos, vecinos, a su propia familia y además llevar un buen nivel de vida sin trabajar.

Después de Carrère he leído otro libro que me han regalado, el último de Paul Auster, Diario de invierno. Un libro seductor, aunque esperaba mucho más (casi todo lo que cuenta ya se sabía), lo leí en un par de días.

Enorme es (en todos los sentidos) Stone Junction de Jim Dodge del que sólo cito una frase y más adelante, quizá, me atreva a hacer una reseña: Los jefes del mundo no pueden hacerte nada que tú no puedas impedir que te hagan. Todos nos merecemos a nosotros mismos.

El siguiente ha sido también un regalo, de una amiga invisible, @Rosalia_RT. Lo más curioso es que los dos, yo sin saberlo, citamos la misma frase:
Debería tener en cuenta que las cosas que oímos por encima cuando el que habla no lo sabe adquieren un tinte de seriedad y siempre suenan peor de lo que en realidad son.
Se trata de una novela de Muriel Spark, una escritora de la que yo no sabía absolutamente nada. El asiento del conductor, una novela breve, intensa y con giro inesperado.

Y ahora estoy con varios, para no perder la costumbre. Después de leer en menos de tres días las memorias de Patti Smith, Éramos unos niños, de la que aún me estoy recuperando, me he lanzado con la poesía de Rimbaud: Por la mañana tenía la mirada tan perdida y el continente tan muerto, que los que he encontrado quizás no me han visto.
De Patti Smith y sus memorias ya hablaré también más adelante, en una entrada dedicada sólo a ella, pero sí puedo decir que es un libro con el que he aprendido, he llorado y he sonreído, es una gran lección de instantes de amistad. Si con Stone Junction entran ganas de salir a pasear desnudo bajo la lluvia de primavera, con Éramos niños apetece escuchar las canciones de Patti Smith y bailar descalzo.
Ahora estoy en la recta final de Entre paréntesis de Bolaño, y, empiezo Babel, también de Patti Smith, del que quiero compartir un pequeño fragmento que para mí es puro arte, puro sueño:

creo que fue sábado, el día del descanso, cuando se inventaron las dificultades. el creador cayó dormido y soñó. fue el primer durmiente y el primer sueño. el sueño de dios. la caja de pandora primordial. del inconsciente del espíritu brotaron monstruos y artistas. los maestros y el arcángel.

Vivimos muy largo tiempo en nuestra imaginación, porque el desplazado es la alternativa ligera y corazonal. el desplazado es alguien sincero y preocupado y lleno de sangre brillante. pero para mi padre, el irrevocable extraño, no hay lugar donde ir. no aceptado por el mundo real y traicionado por el divino, se ha hundido en un estado de atrofia. un trofeo es un premio estacionario. es el junkie deviniendo junk el soñador haciéndose sueño. es la propia obra maestra. un trofeo. atrofia.

#10. Discos Revisitados / Talking Heads "Little Creatures"


David Byrne, Tina Weymouth, Chris Frantz y Jerry Harrison, es decir Talking Heads, grabaron ocho discos de estudio: Talking Heads: 77 (1977), More Songs About Buildings And Food (1978), Fear Of Music (1979), Remain in Light (1980), Speaking In Tongues (1983), Little Creatures (1985), True Stories (1986) y Naked (1988).
Siento cierta predilección por sus discos en directo, sobre todo por The Name of this Band is Talking Heads (1982).
Aunque Stop Making Sense (1984) lo habré escuchado en vinilo, desde los dieciséis años, más de trescientas veces; eso hasta que salió la versión completa en CD en 1999 en el que se incluían todas las canciones tal y como aparecían en la película/concierto dirigida por Jonathan Demme, en lugar de las nueve canciones del LP. Pero recientemente adquirí The Name of this Band is Talking Heads y ya es mi disco en directo favorito de todos los tiempos. Una grabación donde la esencia de la banda -experimentación, la complicidad entre los músicos, diversión, vehemencia y vitalidad- se hace evidente en todas y cada una de las treinta y cuatro canciones que componen la última reedición del álbum. Pero como digo, aunque me gustan más sus discos de conciertos, he decidido dedicar este discos revisitados número 10 al más normal de entre todos los grabados en estudio de la banda más difícil de definir en cuanto a estilo musical se refiere. Y es que Talking Heads combinando diferentes estilos musicales como el punk, new wave, avantgarde, funk, rock o world music consiguieron un sonido que los hizo únicos; fueron y son una gran influencia para infinidad de grupos: XTC, Franz Ferdinand, MGMT, The Strokes, Arcade Fire, pero sobre todo para Clap your Hands say Yeah.
He querido revisitar este disco no porque considere que sea su mejor trabajo o el más completo, sino porque todas las canciones me despiertan buen rollo. De hecho, hasta hace muy poco, las canciones de Talking Heads siempre las escuché sueltas, es decir, en recopilatorios o en directos. Por desgracia ninguna de las canciones de los tres últimos discos (Little Creatures, True Stories y Naked) han sido tocadas jamás en directo por la banda. Después de la gira Stop Making Sense no hicieron concierto alguno -aunque sí grabaron esos tres discos- hasta el breve reencuentro el 18 de marzo del 2002 cuando ingresaron en el  Rock and Roll Hall of Fame y tocaron en vivo sólo cuatro temas: "Psycho Killer", "Life During Wartime", "Burning Down the House" y "Take me to the River". 
En 1985, después de Stop Making Sense, sale a la venta Little Creatures, su sexto disco de estudio. Nueve canciones en la edición original y doce en la reedición remasterizada (se añaden Road to Nowhere y And She Was en sus versiones primerizas y una versión extendida de Television Man). Por alguna razón (se rumoreó que David Byrne se cansó de la imagen que tenían de él y de que lo considerasen un freak) hay un cambio en el sonido del grupo. Es decir, graban un disco de lo que ellos denominan una banda básica normal; rock americano con algo de country, sin cajas de ritmos ni coros, un estilo más comercial si se quiere etiquetar así, pero que no convierte a éste en un disco menor de la banda.

1. And She Was es el tema que lo abre (fue el tercer y último single de Little Creatures) y a mí siempre me ha parecido un himno pop, lo he pinchado en muchas de mis sesiones de DJ, lo he bailado, cantado y aún lo sigo disfrutando. La letra va sobre una mujer que puede volar:
Adquirió una altura agradable / Se movía en todas direcciones / El mundo se movía / Y Ella estaba allí con él...
Es como uno de esos sueños que muchos hemos tenido en el que sabemos volar.
Todo el disco parece onírico y, según cuentan, David Byrne escribió Little Creatures basándose en un sueño que tuvo. Acababa de hacer el amor y se despertó con pequeñas criaturas por encima de su cuerpo, como Gulliver en la novela de Jonathan Swift. No eran parecidos a insectos o bichos raros, eran criaturas reales, pequeñas criaturas. Esto me hace recordar a la little people de 1Q84 de Haruki Murakami. Talking Heads aparecen mencionados en un par de obras del escritor japonés y se sabe que es uno de sus grupos favoritos de rock, así que tal vez, conjeturo, la little people podría ser una pequeña aportación del grupo al submundo creado por Murakami. 

En la contraportada del disco los componentes del grupo aparecen ataviados con la extravagante ropa que vestían las pequeñas criaturas en el sueño de David Byrne. 


El segundo corte del disco es 2. Give Me Back My Name y mantiene, a mi parecer, un sonido atmosférico parecido al aclamado Remain In Light (el disco mejor valorado de la banda): Devuélveme mi nombre / Devuélveme mi nombre / Algo ha cambiado en mi vida / Algo ha cambiado en mi vida / Algo debe ser devuelto a nosotros / Algo tiene que me hizo volver a nosotros.

3. Creatures of Love, el tercer tema, es el que tiene ese sonido algo country que mencionaba antes:
Una mujer hizo a un hombre / Un hombre hizo una casa / Y cuando se ponen juntos / Todas las criaturas salen / Bueno, he visto el sexo y creo que está bien / Que hace que esas criaturas se acerquen a la vida / Puedo reír o puedo alejarme / Somos criaturas, criaturas de amor / Del sueño de la razón, nace la vida / Un hombre puede conducir un coche / Y una mujer puede ser un jefe / Soy un mono y una flor / Soy todo al mismo tiempo.

Antes de And She Was fue single 4. The Lady Don’t Mind, una magnifica canción pop que yo recuerdo especialmente porque aparecia en un recopilatorio de éxitos: el primero de la saga BOOM (1985) al lado de David Bowie y Pat Metheny - This Is Not America, Ivan - Baila, Hombres G - Devuélveme a mi chica, Katrina and the Waves - Walking on Sunshine, Video Kids y los pájaros carpinteros del espacio, Miguel Bosé - Amante Bandido, El Africano - Georgie Dann, Tarzan Boy - Baltimora o la grandiosa Ni Tú Ni Nadie de Alaska y Dinarama, entre muchos otros. Con esto quiero decir que Talking Heads, en nuestro país, en ese año y con ese single, fueron bastante reconocidos:
Ella dice que el amor no es lo que busca, y todo el mundo lo sabe. Cada vez que se mira en el espejo, permite mostrar sus sentimientos.

5. Perfect World tiene una melodía pegadiza y es perfecta para evocar una tarde soleada desde el sofá de tu casa en un día gris: Y ella dijo: “Este mundo es perfecto. Bajo por una pendiente. Te miro a la cara. Y tú fotografiarás la mía.” Alguien dijo que eso pasa en todo el mundo. Y yo creo que es verdad. Y el sol se alza, y nosotros hacemos todas las cosas que debemos. ¿Es que no todos los de aquí creen en las cosas que hacemos?

El sexto tema, 6. Stay Up Late, es un típico hit de la banda parecido a otros de discos anteriores. La letra es bastante extraña, una canguro quiere mantener despierto al bebé que tiene a su cargo: Ahí está. Profundamente dormido. Él es justo. Un juguete pequeño. ¿Por qué no despertarlo? Lindo. Lindo. Pequeño bebé. Poco pipí. Dedos de los pies pequeños.

Con 7. Walk It Down en algunos momentos me parece oír a Pink Floyd, pero la voz de Byrne me devuelve a la realidad y la letra todavía más: Yo...yo...yo...yo... enciendo la radio / Mentiras, mentiras y propaganda / Yo... voy a decir lo que necesito / La vida, la vida, sin renunciar / Unión... el éxtasis es lo que necesito / Yo tengo el tuyo y tú el mío / Y puedo nadar, pero debo volar.

Una de mis favoritas del disco es 8. Television Man, en directo hubiese sonado genial con esos coros “na na na na na” que parecen escritos expresamente para que el público responda a viva voz con otro “na na na na na”. Es otra de las canciones que consiguen hacerme sonreír:
Miro y sueño por primera vez / Estoy dentro y fuera al mismo tiempo / Y todo es real / ¿Me gusta lo que siento? / El mundo se estrella en mi cuarto de estar / La televisión me hace ser lo que soy / A la gente le gusta bajar la televisión / Pero somos buenos amigos / Soy un hombre televisión.

El segundo single fue la canción 9. Road to Nowhere, la que cierra el disco original, y es otra de las canciones que he pinchado, sobre todo en la radio, en muchas ocasiones. Transmite buen rollo, es una canción feliz aunque habla de un camino que no lleva ninguna parte:
En mi imaginación hay una ciudad, ven y da ese paseo, y está bien. Y está muy lejos, pero crece día a día, y está bien. ¿Te gustaría venir? Puedes ayudarme a cantar esta canción y está bien. Ellos pueden decirte qué hacer, pero se reirán de ti, y está bien. Estamos en un camino a ninguna parte.

La lectura como espejo

No sé todo lo que puede venir, pero de cualquier modo, iré hacia eso riendo. (Stubb, en Moby Dick).
Releí a Sófocles en el barco: "Todo ha sido comprendido demasiado tarde." Lleva tiempo alcanzar la comprensión, y el orgullo, la ignorancia y el miedo simplemente engrasan la pendiente. Nos estamos quedando sin tiempo. (Shamus Malloy en Stone Junction de Jim Dodge)
No sé quién soy, pero sufro cuando me deforman (Cita de Gombrowicz en Doctor Pasavento de Enrique Vila-Matas)
Afán por decir, por nombrar, por eso en mí todo es inacabado. (Zeuxis Vargas)

En eso pensaba hoy mientras recorría la calle Tallers: que la lectura es un espejo; no siempre, pero sí en multitud de párrafos.
En esa calle, que tantas veces vio pasear a Roberto Bolaño, he descubierto muchos stencil y, en breve, los cazaré. Decenas de discos de vinilo también han pasado por mis manos hoy, y comida japonesa: he comprado los suficientes sobres de fideos para varios meses, esos fideos de distintos sabores que tantos nos gustan a Xivi y a mí.
Afán por decir...
Viejos temores acechan de nuevo, de ahí la sentencia de Stubb.
Todo se comprende tarde, todo.
Llegar a alguna conclusión sobre mí o sobre alguna de mis opiniones sin apenas conocerme me fastidia, sufro cuando me deforman.
Todo en mí es inacabado.
Como el Doctor Pasavento, tiendo a desaparecer.

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