Leído en 2011: mis 14 momentazos

No acostumbro a hacer listas. En realidad no me gusta hacer listas. Suelo citar libros e ir apuntándolos en el orden que los voy leyendo con alguna de las frases que he encontrado en ellos y que creo merecen ser recordadas (aunque también es verdad que esas citas las hago porque tengo memoria de pez).
Este año he leído mucho y no todo lo he apuntado. Hay cómics -que también son lecturas-, cuentos, poemas y micro-relatos que me han hecho pasar momentos tan buenos o mejores que muchas novelas, pero que no aparecerán en ninguna lista. También es cierto que gracias a #caféliterario en facebook y twitter y las lecturas conjuntas, la lista de libros leídos este año ha aumentado notablemente. Así que aquí va una excepción y hago un esfuerzo terrible en seleccionar sólo 14 libros que me han hecho vibrar este 2011 y además en orden de más a menos. ¿Por qué 14? Pues porque mi número es el 7 o porque nací el 14 de abril.
En un par de días, en otra entrada, como ya hago cada año con la etiqueta Ex-Libris, colgaré el total de mis lecturas del 2011 y algunas de sus frases. De los 61 libros que "llevo" este año, sólo dos los he dejado a medias y aparecerán en la lista de 2012, y uno lo he dejado por imposible... Se trata de Magia de Manuel Vilas. No puedo terminarlo, no hay manera. En cambio del mismo autor devoré Amor. Poesía reunida, 1988-2010 y, aunque sea un libro de poemas, entra en mi lista de momentazos 2011.
Houellebecq, por méritos propios, entra con las dos novelas que he leído de él, y algo me dice que en el 2012 entrarán más de dos. Los demás, los que no aparecen en la lista, no es que no me gusten, algunos no caben, otros no entrarían como momentazo. Al final todo son sensaciones, mis sensaciones.
  1. Michel Houellebecq - Plataforma
  2. Michel Houellebecq - Las Partículas Elementales
  3. Adolfo Bioy Casares - La Invención de Morel
  4. Robert Walser - Jakob Von Gunten
  5. Don DeLillo - Punto Omega 
  6. J.M. Coetzee - Verano
  7. David Vann - Sukkwan Island
  8. Enrique Vila-Matas - Exploradores del Abismo
  9. Haruki Murakami - 1Q84 
  10. Tao Lin - Richard Yates
  11. Rafael Yglesias - Un Matrimonio Feliz
  12. Jonathan Lethem - Chronic City
  13. Manuel Vilas - Amor. Poesía reunida, 1988-2010
  14. Pájaros en la boca-Samanta Schweblin

Leído en 2011: Pájaros en la boca de Samanta Schweblin

"Algunas palabras las pone el escritor y otras palabras las pone el lector, no están en el texto, están en la cabeza del lector"
"Me interesan historias que ponen en duda lo que nosotros asumimos como normalidad"(Samanta Schweblin)
                El 2011 lo estrené, en lo que a libros se refiere, con un descubrimiento que además resultó ser una grata sorpresa. Una antología de los mejores cuentos de la autora argentina Samanta Schweblin y que lleva por título el mismo que uno de los que la compone, Pájaros en la Boca, que al igual que los otros catorce relatos se mueve entre lo onírico y el suspense, lo normal y lo anormal; no en vano podemos leer en la faja promocional: "Como en una película de David Lynch o en una pesadilla de Kafka".
La persona que me lo regaló sabía lo que se hacía y me conoce bastante bien. Por supuesto acertó. 
Pero es que además hay quien compara a Samanta Schweblin con Haruki Murakami, Julio Cortázar, Bioy Casares (a Bioy Casares lo he descubierto recientemente) o Jorge Luis Borges, todos ellos autores de excelentes relatos que se mueven sobre un fino hilo entre lo real y lo fantástico y forman parte de mis escritores favoritos. Así que después de leer estos quince cuentos, no me queda otra que ratificar esa comparación. Samanta Schweblin está dotada de una imaginación fantástica y reconoce la influencia de algunos escritores latinoamericanos, pero admite que los autores que le enseñaron cómo escribir, entre otros, fueron Carver, Faulkner o Salinger.
A mí estos cuentos me han hecho pasar momentos de placer, de angustia, de reflexión... Estoy convencido que volveré a ellos como lo hago con cierta poesía y con muchas canciones. Como lo hago también con cuentos de Kafka, Cortázar o Poe.
Cuelgo tres de los cuentos de Pájaros en la Boca y una interesante entrevista que concedió a Canal-L en Casa Asia, Barcelona, el mes de junio de 2010.
En la estepa 
Perdiendo Velocidad
Mujeres desesperadas 

Leído en 2011: Wendolin Kramer de Laura Fernández

Siempre se agradece que llegue algo de aire fresco a la literatura de nuestro país, y más concretamente a mi biblioteca; nuevas voces, nuevas maneras de contar historias y, sobre todo, sin complejos, que sean divertidas. Es el caso de Wendolin Kramer una historia de superhéroes, supervillanos y un chucho deprimido, de la joven escritora y periodista Laura Fernández.
Nacida en Terrassa en 1981 ya ha publicado dos novelas. La primera, Bienvenidos a Welcome, será reeditada en breve, y a principios de 2012 ya podremos leer una tercera, La chica zombie.
Wendolin Kramer es un libro repleto de personajes que podríamos encontrar perfectamente en cómics underground, en novelas pulp o en las primeras películas de Kevin Smith. El personaje principal, Wendolin, es una chica de treinta años que todavía vive con sus padres y en su mundo, un mundo de fantasía. Quiere ser detective y ha montado una agencia en su habitación, una habitación que parece de una niña de doce años y no de una mujer de treinta. La madre está bastante loca y ha inventado y cambiado los nombres y apellidos de su familia; a su marido, que todo hay que decirlo es un calzonazos, le llama Ron Kramer y en cambio su nombre real es Julio Durán. Ella se hace llamar Marion y habla con Wendolin, desde que ésta era pequeña, en un idioma que nadie entiende pero ellas creen que es alemán. Marion es devota de Clark Kent, de Raphael y de Lindsey Buckingham, el guitarrista y cantante de Fleetwood Mac. A todo esto hay que añadir a un perro del que podemos leer sus pensamientos y es el más cuerdo de todos en esa casa.
Normalmente no acostumbro a contar mucho sobre de qué va un libro que he leído, de la misma manera que no quiero que me cuenten mucho a mí sobre los que voy a leer o me recomiendan. Ya sea en este blog o entre amigos, sólo comento qué sensaciones me ha producido la lectura. En este caso, como ya he dicho, me lo pase fenomenal y sólo espero que volvamos a leer a Wendolin en alguna que otra aventura, y que sea esta historia de superhéroes, supervillanos y un chucho deprimido, la primera de una saga porque el personaje bien lo merece.
Laura Fernández es fan incondicional del escritor John Fante y entre sus escritores favoritos también destacan Richard Brautigan, Kurt Vonnegut y Charles Bukowski. Todos ellos son una clara influencia en su obra aunque la idea principal de Wendolin Kramer nació después de salir del cine cuando fue a ver 'Spiderman 3' acompañada de una amiga que había estudiado en un colegio alemán. Fue entonces cuando pensó ¿y si existiera una detective estúpida que sólo habla alemán y no se entiende con sus clientes?
Laura Fernandez ya está trabajando en una cuarta novela y puedes saber más de ella en su blog Bienvenidos a Welcome. Wendolin Kramer es divertida, irónica y llena de referencias a los años 80. La canción favorita de Wendolin es precisamente Eighties fan del grupo Camera Obscura.


Leído en 2011: por segunda vez, El Palacio de la Luna de Paul Auster

La primera vez que la leí me pareció una gran novela. La segunda vez ha superado a la primera. Y es que ahora tengo a mi alcance Internet -sí, eso que hace diez años aún era para mí algo por descubrir- y he podido comprender mejor la obra. No es que no se entienda sin consultar Internet, simplemente es mucho más fácil acceder a información que contiene la novela y uno puede satisfacer su curiosidad y contrastar datos. Ahora puedo decir que Paul Auster se documentó muy bien y elaboró una historia bien calculada con todas las casualidades -aunque es cierto que son muchas- perfectamente ensambladas. Algo parecido me ocurrió cuando terminé Sunset Park (2010), su último trabajo hasta la fecha, sentí que había leído un libro con un argumento redondo, perfecto.
No voy a hacer una reseña al uso. Sólo corto y pego algunas citas de El Palacio de la Luna y cuelgo tres fotografías. Dos de ellas las tomé yo, se trata de escenarios que aparecen en la novela y que describe fielmente Thomas Effing. En 2010 tuvimos la suerte de pasear y conducir por varios de los lugares que se describen en la parte del Oeste y puedo asegurar que lo que sienten los personajes lo vivimos en nuestras propias carnes. (Curiosamente en la foto de Monument Valley, en la parte izquierda, aparece la luna).
Foto LilVia: de Ruta, Death Valley
La otra fotografía es de la obra Luz de Luna de Blakelock, descrita por Marco Stanley Fogg, el protagonista, en las páginas 144-145 cuando visita el Brooklyn Museum. Esa descripción también la corto y pego justo debajo de la misma.
Otra cosa que me gustaría recomendar a todos los que han leído o piensan leer esta novela, además de consultar sobre algunos personajes reales o obras de arte que se mencionan en ella, es leer El País de las Úlimas Cosas y El Libro de las Ilusiones, en ambas novelas aparecen de nuevo personajes que ya hemos conocido en El Palacio de la Luna.

"Las exigencias de las palabras son demasiado grandes; uno conoce el fracaso con excesiva frecuencia para poder enorgullecerse del éxito ocasional".


Foto Lilvia: Monument Valley
"No era tanto que me impresionara la geografía (a todo el mundo le impresiona), sino que la inmensidad y el vacío de aquella tierra había comenzado a modificar mi sentido del tiempo. El presente ya no parecía tener las mismas consecuencias. Los minutos y las horas eran demasiado pequeños para poder medirlos en este lugar, y una vez que abrías los ojos a lo que te rodeaba, te veías obligado a pensar en términos de siglos, a comprender que mil años no es más que un segundo. Por primera vez en mi vida, sentí que la Tierra era un planeta que giraba en los cielos. Descubrí que no era grande, era pequeña; era casi microscópica. De todos los objetos del universo, nada es más pequeño que la Tierra".

Moonlight-Ralph Albert Blakelock
"Una luna llena perfectamente redonda ocupaba el centro del lienzo -el centro matemático exacto, me pareció- y este pálido disco blanco iluminaba todo lo que había por encima y por debajo de él: el cielo, un lago, un árbol grande con ramas como arañas y las montañas bajas del horizonte. En primer término había dos pequeñas zonas de tierra, separadas por un riachuelo que corría entre las dos. En la margen izquierda se veía una tienda india y una hoguera; parecía haber varias figuras sentadas alrededor del fuego, pero era difícil distinguirlas, eran sólo mínimas sugerencias de formas humanas, unas cinco o seis, enrojecidas por el reflejo de las ascuas de la hoguera; a la derecha del árbol grande, separada de las otras, se veía una solitaria figura a caballo que miraba por encima de la corriente, completamente inmóvil, como perdida en sus pensamientos. El árbol que tenía detrás era unas quince o veinte veces más alto que él y el contraste le hacia parecer enano, insignificante. Él y su caballo no eran más que siluetas, perfiles negros sin profundidad ni individualidad. En la otra margen las cosas eran aún más tenebrosas, casi totalmente sumidas en las sombras. Había unos cuantos árboles pequeños con las mismas ramas como arañas del árbol grande y luego, en la parte inferior, una diminuta mancha de claridad que me pareció podría ser otra figura (tumbada de espaldas, tal vez dormida, tal vez muerta, tal vez contemplando la noche) o tal vez los restos de otra hoguera, no pude llegar a una conclusión. Me entregué de tal modo al estudio de estos oscuros detalles de la parte inferior del cuadro que cuando finalmente levanté la vista para examinar otra vez el cielo, me sorprendió ver lo luminoso que era todo en la mitad superior. Incluso teniendo en cuenta la luna llena, el cielo parecía demasiado visible. La pintura brillaba a través de las agrietadas capas de barniz que cubrían la superficie con una intensidad antinatural, y cuanto más me adentraba hacia el horizonte, más luminoso se volvía ese resplandor, como si allí fuera y las montañas estuvieran iluminadas por el sol. Una vez que noté esto, empecé a ver cosas raras en el cuadro. El cielo, por ejemplo, tenía una tonalidad fundamentalmente verdosa. Salpicado por los bordes amarillos de la nubes, se arremolinaba en torno al árbol grande en un denso torbellino de pinceladas, adquiriendo forma de espiral, un vórtice de materia celestial, en el espacio profundo. ¿Como podía ser verde el cielo?, me pregunté. Era del mismo color del lago, y eso no era posible. Excepto en la negrura de la más negra de las noches, el cielo y la tierra son siempre diferentes. Blakelock era claramente un pintor demasiado diestro para no saber esto. Pero si no había intentado representar un paisaje real, ¿qué era lo que se había propuesto? Hice todo lo que pude por imaginármelo, pero el verde del cielo me lo impedía. Un cielo del mismo color que la tierra, una noche que parecía el día y todas las formas humanas empequeñecidas por la grandeza del paisaje, sombras ilegibles, simples ideogramas de vida. No quería hacer juicios simbólicos atrevidos, pero, basándome en la evidencia del cuadro, no parecía tener alternativa. A pesar de su pequeñez en relación con el entorno, los indios no revelaban ningún temor ni ansiedad. Estaban cómodamente sentados, en paz consigo mismos y con el mundo, y cuanto más pensaba en ello, más me parecía que esa serenidad dominaba el cuadro. Me pregunté si Blakelock no habría pintado el cielo verde para poner de relieve esa armonía, para mostrar la conexión entre el cielo y la tierra. Si los hombres pueden vivir cómodamente en su entorno, parecía decir, si pueden aprender a sentirse parte de las cosas que les rodean, entonces quizá la vida en la tierra estará imbuida de un sentimiento de santidad. Naturalmente, era sólo una suposición, pero se me ocurrió que Blakelock había pintado un idilio norteamericano, el mundo que los indios habían habitado hasta que apareció el hombre blanco para destruirlo. La placa que había en la pared decía que el cuadro había sido pintado en 1885. Si la memoria no me fallaba, eso era justo a la mitad del periodo del Último Baluarte de Custer y la masacre de Wounded Knee; en otras palabras, al final, cuando ya era demasiado tarde para conservar la esperanza de que ninguna de estas cosas sobrevivieran. Tal vez, pensé, este cuadro quería representar todo lo que habíamos perdido. No era un paisaje, era un monumento, una canción fúnebre para un mundo desaparecido”.

Más reseñas:
10.15 Saturday Night

Wishlist 2

Fnac ha vuelto a convocar el concurso de la lista de deseos; We wishlist a merry xmas. En esta segunda edición se puede participar, como en la anterior, desde Facebook y desde tu propio blog. El premio es  un vale de 2012 euros (un euro más que el año pasado) para gastarlos en fnac. Un servidor, que sigue teniendo muchos deseos -tantos o más que en 2010- y desea darlos a conocer, cae en la tentación de nuevo de utilizar este blog para participar y, ya de paso, recomendar discos de vinilo, CD's, libros, dvd's, miscelánea, en fin, productos que puedes encontrar en fnac. No siempre los sueños sueños son. A veces, sólo el hecho de desear algo, de alguna manera, ya hace que lo disfrutes.
Así que mientras deseo y recomiendo, ya estoy abriendo uno a uno en mi imaginación los paquetes que hay al lado del árbol de Navidad.
Libros:
Enrique Vila Matas :
- Una vida absolutamente maravillosa  14,20€
- Dublinesca 9,45 €
- El viajero más lento 16,63 € 
Flann O´Brien - La gente corriente de Irlanda 21,80 €
Bill Callahan - Cartas a Emma Bowlcut 14,25 €
Dino Buzzati - El desierto de los tártaros 8,55 €
Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges:
- Dos fantasías memorables. Un modelo para la muerte 7,60 € 
- Seis problemas para Don Isidro Parodi 8,08 €
Adolfo Bioy Casares - La aventura de un fotógrafo en La Plata 8,55 €
Julio Cortázar - La vuelta al día en ochenta mundos 22,80 €
José Ángel Barrueco:
- Asco 14,25 €
- Vivir y morir en Lavapiés 15,20 €
John Fante:
- Al oeste de Roma 7,13 €
- Un año pésimo 11,88 €
- La hermandad de la uva 6,65 €
- Camino de Los Ángeles 7,60 €
- Sueños de Bunker Hill 11,40 €
Robert Walser:
- Historias 15,15 €
- El ayudante 18 €
- Vida de poeta 16,10 €
- El bandido 16,05 €
- El paseo 10,93 € 
Discos:
Matador Rockers - Esto tenía que pasar 13,29 €
Bill Callahan - Apocalypse (Edición vinilo) 22,79€  
Peter Gabriel - New Blood (Edición vinilo) 25,64 € 
Peter Gabriel - Scratch my back 18,99 €
The Smiths - Complete Smiths (Edición Box Set Vinilo) 170,99 € 
Tom Waits - Bad As Me (Edición vinilo) 22,79 €
Jane's Addiction - The Great Escape Artist (Edición vinilo) 18,99 €
DVD's:  
- Pack El ala oeste de la Casa Blanca (Serie completa) 82,64 €
- Pack The Wire (Bajo escucha) (Serie completa) 82,64 €
MacBook:  
Apple MacBook Pro a 2,4 GHz 13,3" MD313Y/A 1.149 €

Distopía de la mano de Tao Lin, Stanislaw Lem, Charles Bukowski y Paul Auster

Cuando terminé de leer Richard Yates de Tao Lin, además de las sensaciones que ya plasmé en la reseña de la novela, pensé que si esa misma historia se hubiese escrito veinte años atrás podría haber pertenecido al género de las novelas de ficción distópica al estilo 1984 de George Orwell, La Pianola de Kurt Vonnegut, Mundo Feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury o las decenas y decenas escritas por Philip K. Dick.
Corto y pego de wikipedia:

Una distopía, llamada también antiutopía, es una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. El término fue acuñado como antónimo de «utopía» y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia, frecuentemente emplazada en el futuro cercano, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de sus miembros bajo una fachada de benevolencia.
Vuelvo a defender Richard Yates; reivindicar su simplicidad que creo necesaria para dar credibilidad a sus personajes. La novela de Tao Lin no puede pertenecer a las novelas de distopía por esa misma razón, porque narra una cruda y actual realidad. Lejos quedan ya esas obras de ciencia ficción que retrataban un futuro entre máquinas y donde los humanos se relacionaban a través de ellas -lejos o cerca, depende de cómo se mire- porque ya estamos en ese momento, en un momento en el que nos conocemos en twitter y nos vemos en facebook, los regalos los compramos en Internet y los recibimos en casa.
Estos dos fragmentos pertenecen a la novela de Stanislaw Lem Congreso de Futurología y que se publicó en 1971, hace 40 años:

"Eso me trajo a la memoria los libros en los que se describían las negras imágenes del futuro como una antiutopía en la que cada ciudadano se queda metido en su casa."
"Siempre tiene algo que contar esa cariñosa muchacha, contrariamente a esas chicas de los snacks que realizan todas sus conversaciones a través de su computadora portátil."


También Bukowski en un poema titulado ESTA BANDERA NO ONDEA CON CARIÑO habla sobre ello. Bukowski murió en 1994, así que escribió esto mucho antes del boom de Internet:

hoy todo son ordenadores y más ordenadores
y pronto todo el mundo tendrá uno,
los niños de tres años tendrán ordenadores
y todo el mundo conocerá todo
lo relacionado con los demás
mucho antes de que lleguen a conocerse
y por eso nadie querrá conocerse.
nadie querrá conocer a nadie
nunca jamás
y todos serán
unos solitarios
como lo soy yo hoy.

Por último un fragmento de la novela El Palacio De La Luna (1989) de Paul Auster en el que su protagonista Marco Stanley Fogg explica por qué no tiene teléfono (!teléfono!) a Zimmer:
-Una voz transmitida eléctricamente no es una voz real -le dije-. Todos nos hemos acostumbrado a estos simulacros de nosotros mismos, pero cuando te paras a pensarlo, el teléfono es un instrumento de distorsión y fantasía. Es una comunicación entre fantasmas, las secreciones verbales de mentes sin cuerpo. Yo quiero ver a la persona con la que estoy hablando. Si no puedo verla, prefiero no hablar con ella.

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