Leído en 2010 y algunas de sus frases

1. Despietat País De Les Meravelles i La Fi Del MónHaruki Murakami
Me entusiasmó. Pasé momentos cercanos a cuando descubrí Murakami con Tokio Blues o La Caza del Carnero Salvaje. Uno de los libros que me gustaría volver a leer en un futuro.
2. InvisiblePaul Auster
Para ser sincero no es de los libros que más me ha gustado de Auster. Guardo un vago recuerdo, aunque sé que lo pasé bien mientras lo leía.
3. Aire NuestroManuel Vilas
Toda una sorpresa. Con momentos delirantes. Genial la historia de Johnny Cash de viaje por España.
4. Cosas Que Los Nietos Deberían SaberMark Oliver Everett
Un libro que recomendaré hasta el fin de los días a todo aquel que diga que su vida es una mierda.

5. Payasadas o: ¡NUNCA MÁS SOLO!Kurt Vonnegut
¡Vonnegut es Dios! Eso me dijo Laura, y Laura tiene razón, yo creo en Bokonon, o sea, en Vonnegut. Payasadas es un libro difícil de conseguir en nuestro país, como casi toda la obra de este genial escritor. Hay que buscar en el mercado de segunda mano, pero merece la pena.
6. El Guardián Entre El CentenoJ.D. Salinger
Segunda vez que leo esta novela de culto y me ha gustado más que la primera.
7. Dietario voluble; Enrique Vila-Matas
Leer a Enrique Vila-Matas es como conectarse a Internet: una cosa te lleva a la otra y aprendes y conoces en un momento una barbaridad de datos y personajes, en Dietario Voluble más que con cualquier otro de los que leído de él. Como siempre un placer.
8. Guampeteros, fomas y granfalunes; Kurt Vonnegut
Libro de opiniones y ensayos con algún cuento inédito. Grande como siempre, irónico como nunca...
9. Recuerdos Inventados; Enrique Vila-Matas
Lo mismo que con Dietario Voluble, aunque aquí hay cuentos sensacionales que merecen segundas y terceras lecturas, o más...
10. L'elegància de l'eriçó; Muriel Barbery
No me desagradó del todo pero no lo recomiendo. Tal vez le guste a un público concreto, no sé... a mí me parece de un despotismo brutal ningunear a quien tiene menos cultura... y eso es precisamente lo que me hace sentir una cierta antipatía hacia las protagonistas.
11. Willard y sus trofeos de bolos; Richard Brautigan
Mi primer contacto con Brautigan. No está mal, pero creo que me ha llegado demasiado tarde.
12. Llibreta de Vacances; Ramon Solsona
Una buena colección de cuentos.
13. De Qué Hablo Cuando Hablo de Correr; Haruki Murakami
Prefiero al Murakami de la ficción. Aunque aprendí muchas cosas leyendo este libro.
14. Fi; David Monteagudo
Enorme, digan lo que digan. Creo que es una muy buena historia y lejos de lo que la gran mayoría le critica, me parece que tiene un estupendo final.
15. Bienvenidos a Welcome; Laura Fernández
Tuve la suerte de conocer en persona a Laura. Es la que dice que Vonnegut es Dios. Me regaló su libro y compartimos una interesante charla mientras tomábamos un café en La Central. Un libro divertido, lleno de momentos hilarantes y que no da un respiro.
16. Ultima salida para Brooklyn; Hubert Selby Jr.
Me lo recomendó Laura. Es duro, un libro muy duro. Pero el nivel es alto, y se merece una muy buena nota.
17. De qué hablamos cuando hablamos de amor; Raymond Carver
Genial. Cuentos perfectos. Carver ha influido en muchos de los escritores que me gustan. No hablo del estilo, sino de las historias.
18. La pesca de la trucha en América; Richard Brautigan
Extraño, entrañable, raro de narices pero imposible dejarlo... aunque, me esperaba otra cosa.
19. Tokio ya no nos quiere; Ray Loriga
Interesante, aunque prefiero a Palahniuk explicando este tipo de historias.
20. Fahrenheit 451; Ray Bradbury
Un clásico de la distopía. No puedo decir mucho, lo sufrí (en el buen sentido).
21. En Nadar-dos-pájaros; Flann O'Brien
Flann O'Brien nunca defrauda pero mi libro favorito sigue siendo el tercer policía.
22. Cuentos sin plumas; Woody Allen
Risa asegurada. Despertó en mí esas sonrisas que uno reprime para no estallar en carcajadas de camino a casa en el tren.
23. Cosas que hacen BUM; Kiko Amat
Me lo pasé bien leyendo una novela escrita por uno de los más grandes fans de Brautigan. El protagonista se llama Pànic, con eso no digo nada y lo digo todo...
24. Otras voces, otros ámbitos; Truman Capote
La primera novela de Capote. Hay momentos en ella que me recuerdan a Tom Sawyer, otros a Otra Vuelta de Tuerca... Un relato imprescindible.
25. Nunca me abandones; Kazuo Ishiguro
Con la distopía como telón de fondo se nos cuenta una historia de amor casi imposible. Aunque les falta algo de sangre en las venas a todos los protagonistas, me tocó la fibra.
26. Mundo maravilloso; Javier Calvo
Javier Calvo es uno de los escritores españoles que más me gusta. Me da igual de donde provengan sus influencias. Leer a Calvo, para mí, es sinónimo de diversión.
27. El juego favorito; Leonard Cohen
Una novela cercana a El Guardián Entre el Centeno, aunque aquí podemos casi leer la autobiografía de Cohen.
28. El proceso; Franz Kafka
Qué decir de uno de los clásicos... agobiante... ¿Kafkiano? ¿Sé puede llamar kafkiano a un relato escrito por Kafka? Chungo, oscuro, onírico...
29. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos; Emmanuel Carrère
Biografía de Philip K. Dick que nos acerca a entender y a comprender mejor a uno de los escritores de cuyos trabajos se han inspirado guionistas en infinidad de películas. La más reciente Origen, aunque no se le mencione.
30. Lunar Park; Bret Easton Ellis
Empieza como si se tratara de una autobiografía y sigue como una novela de Stephen King.
31. Ubik; Philip K. Dick
Un 10. Obra imprescindible de la ciencia ficción. Sencilla pero de la que han bebido decenas de historias posteriores.
32. Residuos; Tom McCarthy
Genial la idea, genial la trama... ideal como guión para una película. Algo repetitiva, eso sí.
33. La exhibición de atrocidades; J.G. Ballard
Difícil, muy difícil. El más complicado de todos los que he leído de Ballard. Casi desagradable.
34. Les hores amargues, la cendra dels dies; Joan Calvet
Un poemario escrito por un músico (aunque músico y poeta viene a ser lo mismo). Si tienes la oportunidad debes leerlo.
35. La reina al palau dels corrents d'aire; Stieg Larsson
Las dos últimas partes son las que menos me han gustado, aunque reconozco el poder adictivo de la trama y el atractivo que despierta Lisbeth Salander.
36. El gourmet solitario; Jiro Taniguchi·Masayuki Kusumi
Un cómic japonés sobre un viajante que narra dónde y qué come. Perfecto para adentrarse en la gastronomía nipona.
37. Fragmentos de un cuaderno manchado de vino; Charles Bukowski
Textos inéditos de Bukowski. Siempre sorprende leer al viejo Hank. Siempre sorprende descubrir lo mal o poco que se conoce de él.
38. Mire al pajarito; Kurt Vonnegut 
Cuando me enteré que se publicaba un libro de cuentos inéditos de Vonnegut empecé a buscar información como un loco. Cuando llegó a mis manos lo racioné tanto como pude. Pero es como tener una tableta de chocolate siempre encima: vas picando hasta que terminas para volver a por más...
39. La feria de las tinieblas; Ray Bradbury 
Escalofríante, terror puro, no sé si se ha llevado al cine. Si no es así, espero que algún día lo hagan y que se encargue Tim Burton.
40. La noche del cazador; Davis Grubb
Excelente, una de las que más he disfrutado.
41. El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco; Charles Bukowski
Segunda vez que leo los últimos textos que escribió Bukowski. Nada mal, nada mal...
42. El sindicato de policía yiddish; Michael Chabon
Michael Chabon nunca me decepciona, pero será complicado que alguna de sus obras supere Las Asombrosas aventuras de Kabalier y Clay. Aun así lo he pasado genial con El sindicato de policía yiddish.
43. Pulp; Charles Bukowski
También es la segunda vez que leo Pulp. Y de nuevo me he reído.
44. Bartleby y compañia; Enrique Vila-Matas
Descubrí a muchos autores y cosas interesantes sobre ellos gracias a Bartleby y compañia. Vila-Matas me tiene bien pillado.
45. El primer tercio; Neal Cassady
Me aburrí... y eso que lo pillé con ganas después de nuestro viaje por California... En fin, lo más interesante el prólogo, los inicios y las cartas del final...
46. Cuentos selectos; Mark Twain
Mi nuevo héroe. Tarde, lo sé. Pero ¿no dicen que lo bueno se hace esperar? Mark Twain es actual, irónico y lapidario. Lo voy a agotar... en serio, voy a leer todo lo que pueda del autor de otro de mis héroes, Huck.
47. Sunset Park; Paul Auster
No llega al nivel del Libro de las Ilusiones, pero se le acerca muy mucho. Es redondo. Es perfecto. Es Auster.
48. Marcos Montes; David Monteagudo
Marcos Montes es un librito, un cuento. Previsible... pero no está nada mal.

Un año de cáncer

Un día como hoy y más o menos a esta hora, salía de mi última sesión de quimioterapia. Un año y 48 libros después lo estoy celebrando. Y a lo grande, no te creas que no.

Hoy en el gimnasio mientras escuchaba "algunas plantas" de Love of Lesbian, pedaleando sobre la bicicleta estática y tras superar mi propia marca, ya llegando al minuto final (es la canción definitiva, la que me da el último empujón), casi me pongo a llorar. Y es que de pronto he recordado la efeméride, y de que entonces, hace un año, apenas podía aguantar diez minutos seguidos estando de pie. Que me mareaba viajar en coche. Que añoraba pasear en bicicleta y comer sin sufrir ardores o sin sentir asco. Que veía muy lejos volver a mi estado normal.
Ahora, no sólo me he recuperado, sino que además estoy más fuerte que antes de empezar con la quimio y cada día mejora al anterior. Y sí, admito que hay una persona animando, y de que manera, para que un tipo sedentario como yo vaya al gimnasio dos o tres veces por semana. Pero eso no le resta valor al esfuerzo empleado. (Ja saps que t'ho agraeixo molt i que si no fos per tu no estaría ni la meitat de bé).

Le doy importancia al número de libros por una razón muy simple: durante el 2009 apenas pude leer (no leí muchos libros, no), me era imposible concentrarme; disponía de todo el tiempo del mundo y no podía disfrutar de lo que más me gusta. De casi nada de lo que me gusta... Mis pensamientos cruzan a toda velocidad los días del calendario y se detienen a rememorar aleatoriamente episodios que son realmente importantes para mí. Para realizar esa tarea tengo un buen aliado: el blog.

Un año de cáncer. Un año del que guardo buenos y malos recuerdos, algunas fotos ayudan a recordar. Pequeños viajes entre sesión y sesión. Nunca demasiado lejos por si llegaba la temida fiebre. Comiendo mucho helado (era lo que mejor me sentaba) y disfrutando de cada instante en el que me sentía bien. Llorando cuando me apetecía e ironizando a cada momento: el chiste de carnaval lo utilicé demasiadas veces, lo reconozco. A decir verdad, mi mente ha borrado mucho de lo malo y permanece en ella lo mejor: las conclusiones, los cambios, LO POSITIVO.

Pero de la misma manera que ocurren cosas positivas, ocurren otras que son inevitables y nos hacen perder el equilibrio. Como la muerte, que pasea con paso firme por la vida.
Aun así, pienso que la partida sigue y debemos recordar "les picades d'ullet" y cada una de las sonrisas sinceras que nos dedicaban cuando recibían nuestra visita. Debemos recordarles por hacer de nosotros lo que somos. Merecen algo mejor que lágrimas, tristeza y flores. Merecen que sigamos sus consejos, que brindemos por ellos, que los mantengamos vivos en nuestro corazón. Si ellos siguen vivos nosotros también.

Un pequeño apunte sobre mi padre, mi otro padre. No sé si alguna vez lo comenté, pero no tuve un padre, tuve dos. Uno me dio la vida y el otro me enseñó a vivir.
El último consejo que me dio fue en abril (mi mes preferido), cuando me preguntó por mi padre (biológico) y al oír mi respuesta me contestó con una sencilla sentencia: un padre siempre es un padre.
Así que, Cayetano, quiero decirte que entendí perfectamente tus palabras. Como el día, que siendo niño, te pregunté qué era la política y sólo tuviste que dirigir un dedo hacia el pan.

Y si cambio de idea...

Hace un año y medio desde que aplasté mi último cigarro. Entonces me dije que después de aquel no fumaría más y que no me permitiría ni una sola calada. Hice esa promesa, que hasta día de hoy he cumplido a rajatabla, convencido y empujado por la derrota del momento, aunque ahora, pensándolo bien, creo que me precipité en tomar tan firme decisión. No es que me arrepienta de haber dejado el hábito, ni mucho menos. Me siento mejor ahora; es genial degustar otra vez con gran placer la comida. Además ya no me mareo cuando se hace necesario echar a correr (ahora hago deporte y ya no pierdo el tren casi nunca). No, no es eso lo que me agobia. Lo que de verdad me fastidia es haber tomado una decisión inamovible. Nunca me ha gustado prometer nada. Mantener opiniones que no puedan estar sujetas a cambios en el futuro me hacen pensar en regímenes dictatoriales. Me gusta lo que me gusta ahora y he aprendido a aceptar que no me guste lo que me gustó en el pasado. Mi yo de entonces estaría encantado con esa forma de pensar. O no. No lo sé. Respeto las decisiones y los gustos de mis anteriores yoes, pero prometer que nunca más harás alguna cosa es como decir que nunca cambiarás de idea sobre algo aunque se confirme que estabas equivocado.
Ya veo la escena. Yo con ochenta años, en un porche, sentado en una mecedora y sosteniendo un libro. En una mesita hay café y algún licor que todavía no he probado en mi vida. Discuto con el otro yo, el de treinta y seis. Le digo que de ahora en adelante quiero fumar de vez en cuando, que por su culpa me he estado reprimiendo durante más de cuarenta años. Pero el yo de treinta y seis ya no puede opinar al respecto. Aunque seguramente, si pudiera, le diría que es gracias a él que ahora tiene esa calidad de vida, pero que sí, que se fume algún cigarro de vez en cuando y que lo haga a su salud.

Tortazos y risa

Recuerdo por igual la niebla, el olor a leña ardiendo y las filas y filas de bombillas alineadas y de distintos colores iluminando las calles. Los escaparates, también iluminados, en los que dejaba una huella grasienta en los cristales después de apoyar en ellos mi frente, ofrecían algo que jamás podría obtener (ni siquiera creyendo en la magia de esas fechas). Vestía pantalones de pana, leotardos, camiseta de invierno de la marca Damart, jersey de lana, anorak y guantes de portero de fútbol que, como ocurría con casi toda mi ropa, me iban grandes. Cargaba una maleta repleta de libros y libretas que pesaba una barbaridad -tanto para un niño de nueve años como para un hombre de treinta era un peso excesivo y fatal para la espalda-.
En el cine viejo ya habían cambiado los carteles. El domingo iría a ver una de Bruce Lee, como casi todas las semanas, y una de Bud Spencer y Terence Hill. Un domingo de tortazos y risa.
El cine, el colegio y los libros de aventuras borraban los días amargos. Las ausencias. 
Los demás niños intercambiaban cromos en los que aparecían jugadores de fútbol de los que yo no conocía ningún nombre, apenas sí conocía dos o tres equipos. También jugaban al deporte rey y yo lo veía todo desde la ventana mientras escuchaba la radio y pasaba despacio, muy despacio, las páginas de un ejemplar de la revista Cimoc. Cuando muera no me llevéis flores, haríais mucho mejor si me las dais ahora.

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